Hace años escuché en una conferencia del profesor Julián Casanova desautorizar la obra de Ángel David Martín Rubio por tratarse de un sacerdote. Tal ridiculez, muestra palpable de la categoría intelectual del mentado profesor, fue la única “razón” que consiguió esgrimir para contrarrestar los argumentos de Paz, Piedad, Perdón…y Verdad, libro en el que el padre Ángel David profundizaba en el estudio de la represión durante la Guerra Civil, tratando de objetivar un tema que los Casanova, Juliá, Moreno Gómez y compañía habían apartado de la senda de la historia. Las descalificaciones de entonces –y las de ahora- no son casuales, tratan de desacreditar a una de las pocas voces que se alza vigorosa frente a la campaña de la “Memoria Histórica”, que pretende hacer de la propaganda del Frente Popular y la historia uno y lo mismo.
Licenciado en Geografía e Historia en Extremadura, luego en Historia de la Iglesia en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, hoy en día Profesor del Instituto de Humanidades Ángel Ayala de la Universidad San Pablo-CEU, el padre Ángel David ha dedicado durante su trayectoria como historiador atención preferente a la represión en la Guerra Civil, con publicaciones como Salvar la memoria –antecedente de esta que comentamos- y de otras, quizás menos conocidas, consagradas a Extremadura.
Como atestiguan las notas del libro, el lugar donde el padre Martín Rubio ha documentado su estudio son los archivos y hemerotecas, que, por cierto, continúan desiertos, a pesar de que cada vez se publican más y más libros a cerca de aquellos años de un pasado todavía reciente. Aquí es donde reside el principal valor de este libro. Es a partir de las fuentes desde donde desmonta las mentiras –no cabe decir otra cosa- de la izquierda de ayer y de hoy en cuestiones como las matanzas de Badajoz y Paracuellos, principales emblemas de la represión de uno y otro bando. Episodios como la matanza de Badajoz en el que se narraban millares de muertos en la plaza de toros, atrocidades sin fin y regocijo de las autoridades, tan publicitados por el Frente Popular, se deshacen tras el análisis del padre Ángel. Los testigos, no eran tales, al igual que los miles eran cientos y el ensañamiento no aparece por ninguna parte. Aquel suceso sirvió para ocultar al mundo otros crímenes, estos ciertos, ocurridos en la cárcel Modelo de Madrid y que sirvieron de prólogo a la hecatombe de Paracuellos del Jarama, el mayor de los crímenes de la Guerra Civil.
A la hora de adentrarse en el asunto de las cifras, indispensable en cualquier estudio de la represión en la Guerra Civil, el padre Ángel David, más allá del número exacto, que difícilmente nunca se conocerá –aun faltan regiones por estudiar, en otras se adolece de estudios serios y no tendenciosos-, ofrece unos valores similares para uno y otro bando, lo que revela la mayor intensidad de la represión frentepopulista, desarrollada sobre un territorio menor y siempre en franco retroceso, mientras que la nacional, en último término, llegó a abarcar toda España, una España que ya había sufrido la represión republicana. A esto deben de añadirse las diferencias cualitativas de uno y otro bando, donde también desmonta tópicos al uso, como el carácter “incontrolado” de la represión del Frente Popular. Desde las organizaciones políticas que componían el Frente Popular se planificó una represión que perseguía el exterminio de sectores enteros de la población, como el religioso. El asesinato de doce obispos, un administrador apostólico, miles de religiosos y sacerdotes son buena prueba del enraizado carácter anticatólico del Frente Popular, una violencia que no necesitó de la guerra para desatarse, pues se remonta a los días de la República. Quizás, siendo críticos con la obra, merecería más espacio el estudio de las luchas intestinas y la represión en el seno del Frente Popular, que mostraría a las claras lo que fue la España republicana en ciudades como Barcelona, Madrid y Valencia, un verdadero infierno para unos, pero también para otros, aquellos que disentían de la férrea disciplina comunista que poco a poco se hizo con su control.
Como Marín Rubio esboza, el Foro por la Memoria Histórica y otras asociaciones similares y aledañas, nacieron vinculadas al PCE –en sus documentos internos no ocultan en ningún momento su origen marxista- o por lo menos están dirigidas por miembros de la izquierda radical, con una finalidad sectaria, tal y como ellos mismos afirman: “El Foro por la Memoria nació como una necesidad de recuperar la memoria, valga la redundancia, de los asesinados por el régimen franquista, durante y después de la Guerra Civil”. Hace poco debatían si debían dejar atrás el carácter “plural” de la organización y definirse de una vez por todas como lo que son –comunistas-, abandonando los compañeros de viaje –mayormente socialistas-, que habían estaban rentabilizando “su trabajo”. Desde estas asociaciones se alienta que el Gobierno, que emprendió hace un año la tarea de elaborar una “ley de memoria histórica”, “acoja sólo a republicanos”. Subvencionados por el dinero público se dedican a descubrir fosas y enterramientos, habitualmente de forma errática –tal y como el padre Ángel escribe-, colocar placas y monolitos en homenaje a los muertos de uno sólo de los bandos, hostigar en los ayuntamientos, cambiar nombres de calles…
Como último apunte sobre la obra, y para mayor escarnio de los censores izquierdistas, Pío Moa, autor del éxito de ventas Los mitos de la Guerra Civil, realiza el prólogo a la misma. Como sabemos, buena parte de los mitos sobre la Guerra Civil y el franquismo pasan por los de la represión. Esperemos que el público dispense un éxito similar a la obra del padre Ángel para que, por fin, la historia gane la batalla al mito.
MARTÍN RUBIO, Ángel David.
Los mitos de la represión en la Guerra Civil
Grafite Ed., Madrid, 2005, 284 páginas, 18,76 €.
Carlos G. Hernández
Profesor del Instituto de Humanidades Ángel Ayale-CEU