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Redacción: 19.06.2006
El Dios de la Lluvia llora sobre México
Autor: Laszlo Passuth
Editorial: Caralt
Indudablemente estamos ante uno de los clásicos de la novela histórica contemporánea. Si bien es verdad que en las novelas históricas suele haber más de novela que de historia, no es así en “El Dios de la Lluvia llora sobre México” en la que el marco histórico se respeta con bastante fidelidad.
El autor, Laszlo Passuth, nació en Budapest en 1900 y murió en 1979. Fue indudablemente un enamorado de España, lo que se trasluce en sus obras, entre las que destaca, desde luego, la que ahora reseñamos, que forma parte de la trilogía que continua con “Don Juan de Austria, Señor natural” y “El mayordomo de Diego Velázquez”.
Fue precisamente la editorial Caralt, que recientemente ha sacado editado la vigesimoctava edición, la que popularizó en España a Laszlo Passuth en los años 40.
La obra narra uno de los episodios más sobresalientes de nuestra historia, la conquista de México llevada a cabo por un puñado de hombres capitaneados por Hernán Cortés. Este episodio histórico sirve de marco excepcional para narrar la historia de amor entre el conquistador y la india Malinali, que le sirvió de interprete y guía a Hernán Cortés y que fue bautizada por los españoles como Marina. Esta historia de amor será perpetuamente el mejor símbolo de la unión de los españoles de ambas orillas, que a partir de entonces dejaron de ser indios o europeos para constituir la raza espiritual que fraguo la Hispanidad.
El novelista húngaro supo darle a su narración el tono épico justo para señalar que estaba narrando sucesos históricos excepcionales pero sin hacer olvidar en ningún momento que narraba hechos que sucedieron en la realidad. En este aspecto, parece se contagió de nuestra forma de ser, pues hechos tan fuera de lo común como los llevados a cabo por Cortés y sus hombres, en manos de otro pueblo, o de un escritor con una sensibilidad bien diferente a la hispana, hubieran llevado a una exageración tal que cabría dudar de su veracidad histórica. El autor acierta al comparar al Conquistador con los antiguos romanos, pues durante los siglos XV y XVI pareció que en España resucitaban, más grandes y magníficas, las glorias de la vieja Roma.
El libro quizá trata con excesiva cordialidad a un personaje tan contradictorio como de Las Casas, que no dudó en utilizar la mentira y la exageración para sus propios fines. Por lo demás, hay episodios que son dignos de ser leídos por todo joven español, como pudiera ser la conquista de la capital del imperio azteca. Toda una generación de españoles de los años 40/50 leyó esta obra. Hoy hay que agradecer de nuevo a Caralt –al igual que a El Aleph, que también la reedito hace unos tres años- que ofrezcan de nuevo la oportunidad a nuestras más jóvenes generación de conocer el siglo de oro español. Su lectura, sin duda, hará reflexionar a todo aquel que sienta atracción por las grandes conquistas de la humanidad, pues nos enseña que cuando un pueblo está dividido, como fue el caso del imperio azteca, es fácil que otro pueblo, osado y que sepa lo que quiere, lo conquiste y domine. ¡Qué diferencia entre la España grande de Hernán Cortes y la España pigmea de hoy en día! ¡Cuántas cosas podemos aprender de nuestro pasado!
Es pues, una novela ideal para todo aquel que se sienta soñador; para todo el que crea, como creyó Hernán Cortés, que todavía es posible hacer grandes cosas. De seguro después de leerlo se sentirán hondamente satisfechos de pertenecer al mismo pueblo que fue capaz de llevar a cabo la conquista de México, y les embarga el deseo de hacer lo posible porque España, al menos en parte, vuelva a ser lo que un día fue.
Javier Mª Pérez-Roldán y Suanzes-Carpegna
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