| |  .Calvo Sotelo
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Minuto Digital: 13.07.2006
La noche del 12 al 13 de julio de 1936, un grupo de policías socialistas y masones
irrumpió en la casa del diputado monárquico José Calvo Sotelo y, pese a su
inmunidad, se lo llevó detenido. Unos minutos después, como si fuesen etarras, le
pegaron dos tiros en la nuca. El 17 de julio el Ejército de África comenzó la
rebelión contra el Gobierno del Frente Popular.
Entre los acontecimientos vinculados con la Segunda República y la guerra del 36
que Rodríguez se empeña en recordar y en colocar como pilares de su Gobierno
progresista, faltan el secuestro y el asesinato del diputado monárquico José Calvo
Sotelo por policías que se comportaron como un grupo terrorista a las órdenes del
Gobierno del Frente Popular.
Después de varias amenazas a su vida pronunciadas en las Cortes por el presidente
del Gobierno, Santiago Casares Quiroga, amigo y correligionario de Manuel Azaña, la
diputada comunista La Pasionaria y el diputado socialista Ángel Galarza, a Calvo
Sotelo le tocó ser el primero en sufrir la suerte de miles de españoles paseados.
A lo largo de 1936, el Frente Popular tomó las calles a tiro limpio; los
falangistas y carlistas trataron de responder, de modo que varias ciudades
españolas se convirtieron en campo de batalla. En estos tiroteos y atentados, el 12
de julio murió el teniente José del Castillo, de la Guardia de Asalto, que
instruía en métodos paramilitares a las milicias socialistas y había participado
en la Revolución de Octubre de 1934. Sus camaradas exigieron venganza al Gobierno y
también se la tomaron por su mano.
COMO LA ETA
Entonces esa noche, en el cuartel de Pontejos, en la Puerta del Sol, se prepararon
varios comandos terrorista formados por guardias de asalto y civiles, policías de
paisano y milicianos socialistas y comunistas. Uno de ellos, lo dirigía el capitán
de la Guardia Civil Fernando Condes, instructor de la de la escolta de Indalecio
Prieto, llamada ‘La Motorizada’. Este comando fue primero a por José María
Gil-Robles, quien salvó su vida por no estar en su casa, ya que temía un atentado.
Entonces, los terroristas se dirigieron al domicilio de Calvo Sotelo, en la calle
Velásquez, despacharon a la escolta y obligaron al diputado a subir a la camioneta
con falsas excusas.
Con la furgoneta en movimiento, uno de los militantes del PSOE que constituía el
comando terrorista, Luis Cuenca, le disparó dos balazos en la nuca, al estilo
etarra.
Los terroristas abandonaron el cuerpo en el Cementerio de La Almudena. El Gobierno
del Frente Popular censuró la información del asesinato: prohibió el uso de la
palabra “asesinato” en los titulares. Otras medidas gubernamentales fueron la
detención de falangistas y monárquicos y la obstrucción del sumario sobre el
asesinato, que ‘desapareció’ en la guerra. “Prieto en persona escudó a los
asesinos” (Stanley Payne, ‘El colapso de la República’, pág. 492).
LOS MASONES
Reproducimos una entrevista publicada por ‘El Imparcial’ el 24 de septiembre de
1978 al ex militar de artillería y masón socialista, Urbano Orad de la Torre, que
fue responsable de haber aplastado a cañonazos a los militares y falangistas del
Cuartel de la Montaña. Orad de la Torre afirma que en el asesinato de Calvo Sotelo
intervinieron masones.
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Cuando se enteró del asesinato, Julián Zugazagoitia, director del diario ‘El
Socialista’, dijo: “Este atentado es la guerra”.
Al entierro del líder monárquico, desarrollado el 14 de julio, asistieron unas
30.000 personas. A la vuelta del acto, la Guardia de Asalto mató a cinco personas e
hirió a 30.
Tres días más tarde, el Ejército de África se sublevó contra un Gobierno de
izquierdas que amparaba a los asesinos terroristas de un parlamentario de la
oposición.
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