Si tu intención es describir la verdad, hazlo con sencillez y la elegancia déjasela al sastre.
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LOS APROBADOS Y LAS RECOMENDACIONES DE TRINIDAD JIMENEZ

 
 
De Trini se habla como ministra de Asuntos Exteriores desde que Rodríguez formó Gobierno. Se la considera una experta en relaciones internacionales; sin embargo, sus compañeros de la facultad de Derecho de la Autónoma de Madrid se asombran de que una persona de la que se rumoreaba en la facultad que aprobó por recomendaciones, haya llegado tan lejos.

Que en España siguen primando las recomendaciones es algo que no puede poner en duda la concejal socialista del Ayuntamiento de Madrid y responsable de Relaciones Extreriores del PSOE Trinidad Jiménez. En la inminente crisis de Gobierno que prepara José Luis Rodríguez, uno de los candidatos seguros para salir es Miguel Ángel Moratinos. Quienes han seguido su carrera profesional cuentan que es tan tonto que, antes de viajar a Bruselas o a cualquier otra reunión, larga todo lo que va a hacer a los periodistas o a los diputados, con lo que la otra parte está al tanto de lo que Moratinos quiere. Con su cese, Rodríguez pretende, además, mejorar las relaciones con Estados Unidos, ya que destituye a un diplomático propalestino y antinorteamericano y que carece de la inteligencia necesaria para el trabajo de despacho. Sin embargo, el sustituto puede ser peor.

Como tantos socialistas de buena cuna, Trinidad Jiménez proviene de una familia de funcionarios, los Jiménez Villarejo, que juraron los Principios del Movimiento y aplicaron la legislación del Estado franquista, con escrúpulos de conciencia, salvo a la hora de cobrar el salario y los trienios. Su padre era magistrado del Supremo y su tío el célebre fiscal Anticorrupción.

Trinidad llegó de su Málaga natal a Madrid debido al traslado de su padre y empezó a estudiar Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid. Desde el principio, explicó a sus compañeros que ella tenía “vocasió política”, por lo que eso de estudiar le venía largo. Se metió en el PSOE y , ¡hala!, a medrar. Se presentaba a los exámenes con los libros de Civil y de Administrativo limpios, sin subrayar, y encima sacaba notables y sobresalientes. Su secreto no se debía a una memoria prodigiosa, sino, según contaban sus compañeros, a las recomendaciones y las relaciones de papá y de su tío. En Derecho del Trabajo recibió una matrícula de honor porque llevó al entonces ministro de Trabajo a un seminario; el profesor, claro, se quedó turulato.

Incluso llegó a viajar a la Libia de Gadaffi. En esa época, en los años 80, la dictadura del coronel libio se dedicaba a poner bombas por todo el mundo y a apoyar a bandas terroristas hasta en Filipinas. Cuando venían profesores y estudiantes extranjeros, Trinidad, como entonces no sabía inglés, se hacía acompañar de un estudiante que sí lo hablaba.

En una ocasión, gracias a sus buenas relaciones con los amigos de papá, es decir, con el claustro y los altos cargos del Gobierno de Felipe González, supo, según recuerda algún compañero de la época, antes que los opositores que se iba a reducir el temario de la oposición a la carrera diplomática. Su medio para ingresar en la carrera diplomática fue el matrimonio. En un comportamiento propio de una heterosexual, se casó con un diplomático varón, del que se divorció al poco tiempo. Ahora puede ser la jefa de su antiguo marido.

Apenas asistía a las clases, ya que estaba dedicada a su carrera política y prefería asistir a reuniones de las Juventudes Socialistas.

Sus compañeros no le aguantaban. En los últimos cursos de la carrera se presentó para delegada de clase y perdió ante otra chica, que era de derechas. Dada su amistad y su dependencia de los profesores y del decano –casi todos de izquierdas, como Diego López Garrido, Elías Díaz, Francisco Tomás y Valiente, Virgilio Zapatero Gómez, Fernando Vallespín-, los alumnos estaban convencidos de que no se atrevería a chistar ante éstos.

Para acabar, hay que señalar que la progresista Jiménez aceptó ser entrevistada en la revista ‘Telva’ (enero de 2004), dedicada, como todos sabemos, a las clases bajas, donde habló de sus obras solidarias con sus amigas necesitadas. ¡A esta señora hay que enseñarle que no se habla de la caridad que se practica! ¿Otra bocazas en el Ministerio de Exteriores?







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