El actual jefe de la Casa del Rey -otro hijo de franquista que se hizo 'progre'- consiguió que se le nombrara para ese puesto porque, como buen diplomático español, es un experto en ganarse amigos para proseguir su carrera profesional.
Diversos columnistas y directores de programas de radio se preguntan cómo una persona incompetente de la talla de Alberto Aza Arias ha logrado desempeñar el delicado puesto de jefe de la Casa Real. Entre los últimos 'aciertos' de Aza están el desmentido sobre la anorexia que se dijo padecía la princesa consorte de Asturias y su silencio ante las acusaciones de Pedro Almodóvar y otros izquierdistas de que el Rey había parado un golpe de estado del PP el 13 de marzo de 2004. Minuto Digital ha encontrado la respuesta.
Aza es diplomático, pero de esos diplomáticos 'progres' que abundan en la carrera desde los años 70, como Máximo Cajal (intérprete de Franco para hablar con De Gaulle, asesor del PSOE y partidario de que España entregue a la tiranía marroquí Ceuta, Melilla, los peñones y el Sáhara Occidental), Jorge Dezcállar (fracasado jefe del CNI premiado por el PSOE con la embajada ante el Vaticano), Miguel Ángel Moratinos (afrancesado reconocido y admirador de Yaser Arafat), Fernando Schwartz (editorialista de 'El País' y casado en segundas nupcias con una mujer de apellido Borbón) y Carlos Molina (el chivato que transmitió a La Moncloa los detalles de un viaje de José María Aznar a Estados Unidos).
Aza es hijo de un militar afecto al Alzamiento Nacional y, por supuesto, al franquismo. Nació el 23 de mayo de 1937 en Tetuán, donde estaba destinado su padre con motivo de la guerra civil. Pese a estos orígenes, que, sin duda, le favorecieron en su juventud, mientras ZP lloraba al abuelo, fusilado por masón , Aza no era franquista. Cuentan sus amigos que le daba asco estar junto a los hombres del Movimiento Nacional, aunque no le producía ningún remordimiento cobrar sus salarios del Estado franquista. En un viaje, Adolfo Suárez le deslumbró tanto que se incorporó a su servicio. Y también se dice que su suegro le puso como condición para casarse con su esposa que aprendiese catalán, tarea a la que se aplicó. Con esa volubilidad, es de temer qué ocurriría si Aza fuera el representante español en una negociación internacional. Con semejantes diplomáticos, se comprenden los fracasos internacionales de España desde el Congreso de Viena.
Puede que Aza no sirva para defender los intereses de España, pero sí para promover los propios. Durante sus siete años de estancia en Londres, este diplomático consagró todos sus esfuerzos en halagar a dos personas muy importantes en La Zarzuela: el ex rey Constantino y la ex princesa Irene. Los hermanos de la reina Sofía, que suelen disfrutar de la hospitalidad de los Borbones cuando visitan España -lo que ocurre muy a menudo-, quedaron encantados con un caballero tan servicial y, como suelen hacer los aristócratas cuando un mayordomo o una cocinera desea cambiar de empleo, recomendaron a su hermana y a su cuñado que contasen con Aza. Los elogios que de él hizo la familia real griega derrocada fueron tales que en septiembre de 2002, se anunció el nombramiento de Aza.
Una de las últimas actuaciones de Aza fue su asistencia al homenaje 'espontáneo' que el régimen de la Transición ofreció a Santiago Carrillo en marzo pasado. Curioso. El padre peleó contra Carrillo y el hijo le aplaude. ¿Quién estuvo equivocado?
En conclusión, Alberto Aza reúne todas las condiciones para triunfar en la España posterior a 1978: progre, padre franquista, cortesano, catalanoparlante y alto funcionario. Con semejante currículum no sólo le contrata la izquierda, sino la derecha acomplejada.
Publicado el : 16/09/2005