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Editorial Rambla agradece la asistencia al acto celebrado la pasada semana
La Editorial Rambla –organizadora del acto de presentación de los libros ‘Sin mordaza y sin velos’, de Josep Anglada, presidente de Plataforma por Cataluña, y ‘Chueca no está en Teherán’, de Enrique de Diego- quiere agradecer la masiva asistencia al acto y la expectación generada.
Ese respaldo social ha sido decisivo para cumplir el principal objetivo del evento: abrir, de una vez por todas, el debate sobre el islamismo y la peligrosa islamización que padecemos, propiciada por el socialismo, y que está financiada con el dinero de los contribuyentes.
La Editorial Rambla lamenta la caricatura que algunos medios han hecho de un acto de profundo calado cultural. Algunos de esos medios han puesto simplemente una plantilla preconcebida y hubieran hecho la misma crónica si no hubieran ido al acto. Es una muestra de la profunda degradación que padece el periodismo en España, muy acusada en los medios que se autotitulan de progresistas.
Resulta sorprendente que las organizaciones subvencionadas SOS Racismo y Movimiento contra la intolerancia –un estricto chiringuito de una sola persona que vive de los subsidios- hayan arremetido contra un acto que fue una defensa de la libertad personal y los valores de la civilización occidental. Esas organizaciones nunca han denunciado la patente xenofobia de los islamistas, ni los actos de brutal racismo que vienen padeciendo los españoles a manos de musulmanes –la semana pasada un joven español fue asesinado por un marroquí en Torrent (Valencia)-. Tampoco se les conoce una sola crítica a la vejación a las mujeres que representa el burka, presente en las ciudades españolas, ni a los mensajes que cada viernes se difunden en las mezquitas llamando a ‘matar a los infieles’, lo que, en ningún caso, puede considerarse amparado por la libertad religiosa.
Tales grupúsculos subvencionados no representan a nadie y no pasan de ser instrumentos al servicio del socialismo, que ha hecho una extraña y delirante pinza con el islamismo, que la inmensa mayoría de los españoles rechazan.
Josep Anglada en Madrid
Presentación de los libros:
“Sin mordaza y sin velos” de Josep Anglada (Presidente de “Plataforma per Catalunya”).
“Chueca no está en Teherán” de Enrique de Diego (Periodista de Intereconomía).
Dos respuestas a la islamización de Europa.
Aparte de los dos autores, presentarán:
D. Jesús Neira (profesor de Derecho y defensor de la mujer contra la violencia doméstica).
D. Miguel Bernard (Secretario General del sindicato “Manos Limpias”).
D. Ramón Peralta (profesor de Derecho Constitucional).
El jueves 7 de Octubre a las 20 horas
Hotel “El Madroño”
General Diaz Porlier, 101.
Madrid
Nuevo libro de Enrique de Diego: “Chueca no está en Teherán”
Reproducimos a continuación un extracto del libro ‘Chueca no está en Teherán, contra el caballo de Troya del multiculturalismo’ (Editorial Rambla), del que es autor el periodista Enrique de Diego, y que acaba de ponerse a la venta:
Lo descrito relativo a Inglaterra sonará al lector español a cosa sabida. La estrategia de caballo de Troya seguida por el laborismo es la misma de los gobiernos de Zapatero, aunque en este caso puede haber un plus de fatuo énfasis, propio de la estulticia que siempre exhibe el presidente socialista español. Incluso esa ingeniería social de demolición interna recibe el pomposo y vacuo nombre de ‘alianza de civilizaciones’, e incluye liderar el lobby a favor de la entrada de Turquía en la Unión Europea, con la consecuencia añadida de la libertad de movimientos por Europa de más de 68 millones de musulmanes, a sumar a los 52 millones que ya habitan en el ámbito de la Unión.
Aunque la islamización de España recibió un fuerte impulso con la política demencial de ‘papeles para todos’ perpetrada por el Gobierno socialista, y jaleada por los apoyos sociales subvencionados del partido socialista (docentes, medios de comunicación, cineastas, artistas, onegés y sindicatos), quienes primero abrieron las puertas sin control a la inmigración musulmana fueron Aznar y sus gobiernos. Ya a finales de 2001, tras el atentado en Nueva York de las Torres Gemelas, se incrementa la actividad de los integristas islámicos en España. En la operación Nova se detiene a dieciocho de ellos, comandados por Mohamed Achraf, que pretenden atentar contra la Audiencia Nacional. A finales de ese año, el grupo que cometerá la masacre de Atocha está prácticamente estructurado y mantiene reuniones en un piso de la calle Virgen del Coro de Madrid. En el año 2003 ya tienen en marcha la compra de explosivos en el mercado negro asturiano.
Esos peligrosos integristas no llegaron con Zapatero, sino que ya estaban con Aznar. Ante las críticas a su laxa política de inmigración, el entonces presidente del Gobierno del PP, respondió con frívola megalomanía que España tenía “problemas de país rico”, como corolario del lema más genérico de “España va bien”. No se exigió, como es el mínimo lógico de cualquier política de inmigración sensata, la aceptación de los valores básicos de la nación de acogida, de su ordenamiento legal (buena parte de los terroristas suicidas del 11 de marzo de 2004 eran conocidos narcotraficantes, sin que ello motivara su expulsión) y constitucional. Ni tan siquiera se primó la inmigración iberoamericana, de mucho más fácil integración por la lengua y la religión comunes.
El PP se mimetizó con la izquierda socialista y asumió su programa en materia de inmigración aunque con algún grado menos de radicalidad, pero es igualmente responsable de haber permitido y colaborado en la puesta en marcha de la ingeniería social de la estupidez multicultural y de la islamización de amplias zonas de España. La situación es muy grave en Murcia y Valencia, comunidades gobernadas por el PP; preocupante en Madrid; pero es especialmente grave en Andalucía y, sobre todo, en Cataluña.
La islamización en Cataluña ha sido incentivada tanto por los socialistas como por los nacionalistas catalanes, que coinciden en un extraño racismo y xenofobia contra todo lo español (lo cual es bastante delirante y complicado siendo ellos evidentemente españoles). Quienes son castellanoparlantes son perseguidos y discriminados por el nacionalsocialismo catalán, se les impide la educación en castellano (se persigue su uso en los recreos), se prohíbe su acceso a la función pública, se multa a aquellos que rotulan sus establecimientos en castellano. Esa política se proyecta y afecta a la inmigración castellanoparlante, a la que se percibe como un factor disolvente de la ‘identidad’ catalana que se identifica con el conocimiento y uso del catalán. Un integrista islámico que hable catalán no rompe el estulto imaginario del nacionalsocialismo. El efecto llamada de éste al islamismo ha sido más poderoso que en el resto de España. Es una grave responsabilidad de su mediocre y corrompida casta política.
Opacidad total: ¿A quién financia el Ministerio de Cultura?

En 2008 el Ministerio de Cultura concedió ayudas para la producción editorial a las editoriales del entorno separatista vasco Txalaparta y Erein –7.395 y 11.730 euros respectivamente– a pesar de estar imputadas en el Macro juicio 18/98 por su vinculación con la red financiera de ETA.
También fueron subvencionadas numerosas obras de poderosos grupos editoriales mientras que pequeñas editoriales independientes quedaron fuera. Parece que pese a todo, el gobierno ‘socialista’ no está por la labor de luchar abiertamente contra ETA y su aparato financiero.
El BOE del 1 de Octubre de 2008 recogía las subvenciones que se habían concedido a diversos proyectos editoriales. Si en un principio sorprendió el desprecio ‘socialista’ al trabajo de las pequeñas editoriales, a las que dejó fuera de cualquier ayuda, sorprendió más aún que se hubieran concedido ayudas a editoriales juzgadas en el proceso 18/98 por su pertenencia al entramado etarra.
La editorial Txalaparta es la editorial de ‘cabecera’ del entorno radical. De su imprenta han salido numerosos títulos como Euskal Herria en el horizonte (1997), del fundador de ETA Txillardegi, en el que se dibujan las líneas del proceso de independencia y en el que se afirma que los españoles son inmigrantes en ‘Euskal Herria’, y que “los inmigrantes no tienen derechos colectivos”. Txillardegi afirma que los españoles podrán quedarse en ‘Euskal Herria’ como extranjeros y sólo con los derechos que se concede en cualquier país a los extranjeros.
Quizá para evitar estas quejas, este año el Ministerio no ha publicado el listado de las subvenciones concedidas, sino sólo la Corrección de errores de la misma, y se han puesto en contacto directamente con los editores agraciados. Una opacidad intolerable en un Estado democrático y de derecho.
Editoriales como Actas o Sepha se han quedado fuera de cualquier ayuda a pesar de sus más que interesantes proyectos editoriales.
Sin mordaza y sin velos, contra la partitocracia
Josep Anglada, concejal del Ayuntamiento de Vic y presidente de Plataforma por Cataluña, acaba de publicar un libro, Sin mordazas y sin velos, magníficamente editado por Rambla, en el que expone un ideario político que podemos considerar como “políticamente incorrecto”. Por lo que tiene de crítica y denuncia de un sistema político como el español oportunamente acusado de partitocrático, escasamente democrático por tanto y aquejado de una corrupción generalizada y creciente protagonizada por una clase política instalada en las cúpulas de los partidos políticos establecidos que está degenerando ya en lo que Anglada califica de “casta política podrida”.
El pensamiento político del autor que fundamenta su novedosa fuerza política Plataforma por Cataluña, puede definirse como propio de un conservatismo democrático-patriótico en cuanto que se valoran positivamente las realidades propias y consolidadas de nuestra sociedad que otros quieren destruir en nombre de lo que llaman “progreso”: la familia, la libertad individual, la espiritualidad del hombre en un sentido cristiano, la soberanía del pueblo como nación, el derecho a la vida, a la propiedad y a vivir con seguridad, el reconocimiento de los méritos de cada persona.
Me gustaría destacar, en particular, la crítica a la partitocracia que el libro de Anglada no rehuye, crítica de esa forma degenerada de la democracia, una especie de “democracia basura”, prácticamente limitada a guardar la formalidad ritual de los votos en las urnas, en la que la reducida cúpula de los partidos establecidos o “dinásticos” (“cupulocracia”, realmente, pues desaparece incluso la democracia interna en los partidos) se constituyen en castas corrompidas y expoliadoras de modo que sólo ellas ejercen la libertad política que se reconoce constitucionalmente a todos los ciudadanos, castas apuntaladas sobre un sistema electoral de listas cerradas decididas por el jefe del partido así como sobre una fórmula política parlamentarista que impide la división y control entre los poderes públicos, de manera que el jefe del partido que gana unas elecciones se convierte, en la práctica, en el dueño efectivo de los tres poderes básicos del Estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial: él es el único soberano en una suerte de neo-absolutismo partitocrático-parlamentarista disfrazado de democracia.
Con esta fórmula política establecida en la Constitución de 1978 acaba por desaparecer la verdadera representación de los ciudadanos en las Cortes, al jefe de Gobierno lo elige el Congreso y no los ciudadanos directamente (en muchas ocasiones esta elección del Congreso recae sobre las minorías separatistas de manera que un con apenas un 2 por ciento de los votos se puede determinar la elección del jefe de Gobierno a cambio de un permanente chantaje “soberanista”) y, además, el poder judicial se encuentra sometido por completo a las cúpulas de los partidos políticos.
La exigencia de una reforma en profundidad de la Constitución vigente es la consecuencia lógica de esta crítica acertada, consistente y democrática al sistema político actual, una reforma que nos permita ser verdaderos ciudadanos: elegir, por un lado, a nuestro diputado de distrito como nuestro auténtico representante; elegir, por otro lado, en consulta distinta, al jefe de Gobierno; tener garantizada la independencia y profesionalidad de jueces y fiscales; replantear el carísimo, irracional y desnacionalizador modelo territorial ultrarregionalizado vigente; elegir directamente al alcalde y por otra parte a los concejales municipales, etc… Anglada introduce una parte importante de estas demandas en el debate político en lo que resulta una apuesta verdaderamente democrática, propuesta que se puede ir mejorando y concretando en un futuro próximo con los consejos oportunos.
La otra parte del discurso político presentado en este libro es la que se refiere a la inmigración y al Islam, y el autor lo hace con absoluta libertad de opinión, con franqueza, sin “correcciones políticas”, que no son otra cosa que formas espurias de control mental y de destrucción sutil de la libertad política ciudadana. Por primera vez de un modo consistente y frontal disponemos de un texto que disecciona un problema que existe en el seno de la sociedad española y que hasta las encuestas públicas y oficiales incluyen ya como una de las principales preocupaciones de los españoles junto a la crisis económica y a la clase política establecida.
Anglada relaciona inmigración ilegal y descontrolada con crisis económica, rebaja de los salarios de los españoles, delincuencia creciente, aumento del tráfico de drogas, mafias criminales, deterioro de la salud y educación públicas, deterioro, en fin, de la convivencia en nuestras ciudades y pueblos. La gravedad de este discurso radica en que a Anglada no le falta razón. Hace sólo 15 años los inmigrantes suponían apenas el 2 por ciento de la población. Ahora son cerca del 15 por ciento contando legales e ilegales. Que ha pasado aquí?. Tanto los gobiernos del Partido Popular como, sobre todo, los del PSOE tienen la respuesta. España no puede asimilar, no puede digerir esta repentina y descontrolada avalancha inmigratoria sin asumir graves costes por ello, máxime cuando una grave crisis económica azota a nuestro pueblo. Anglada califica esta avalancha como una gravísima amenaza para nuestra sociedad por todos los motivos citados anteriormente, amén de suponer el “jaque mate” para nuestro Estado de Bienestar. El análisis del autor es franco, nítido, certero, hipocresías al margen.
La amenaza se multiplica en el caso de la inmigración de musulmanes a nuestro territorio, ya cerca de medio millón establecidos en Cataluña, como destaca el autor, a diferencia de lo que sucede, en general, con la inmigración hispano-americana o europea.. Anglada se define como político “identitario”, esto es, decidido a defender la identidad del pueblo del que forma parte y al que aspira a representar. Se trata de una concepción política profunda fundada sobre el concepto de “arraigo”: las personas somos parte de un pueblo determinado, de una tierra concreta, de una cultura diferenciada, es lo que otorga un sentido pleno a nuestra existencia y nos hace como somos, y todo ello en el marco superior de la espiritualidad cristiana que defiende el autor contra las engañosas propuestas materialistas y “globalizadoras” al servicio de intereses ajenos.
Pues bien, Anglada considera que el Islam es ahora la mayor amenaza a nuestra identidad de hombres libres, cristianos europeos por catalanes y españoles. El autor no entra en el juego interesado del “nacionalismo” catalán y considera correctamente a Cataluña una región de España con sus particularidades. La creciente inmigración de musulmanes a España y a toda Europa en general, promovida culpablemente por la izquierda política, sería una suerte de “diáspora” islámica, de carácter definitivo, que resultaría inasimilable desde los falsos cánones del “multiculturalismo” defendido por la clase político-intelectual dominante por ahora en Europa de índole “socialdemócrata”, estatista, materialista y siempre políticamente correcta, claro está, una élite político-intelectual que a lo largo de las últimas décadas ha acabado por configurar un tipo humano blando, sin criterio propio, telecontrolable, una especie de alfeñique transcultural capaz de tragar con un sistema político que es una forma degenerada de democracia, altamente expoliadora, propia de un despotismo partitocrático sin ciudadanos, y capaz también de tragar con el creciente, decontrolado y amenazante establecimiento masivo de inmigrantes musulmanes dirigidos por abusivos y prepotentes líderes religiosos locales controlados desde teocracias islámicas, que los aleccionan de cómo ir imponiéndose poco a poco en el paisaje de una Europa cada vez más debilitada moralmente, encabezada por una clase política incapaz, cada vez más corrompida y cada vez menos representativa de los pueblos europeos.
Para terminar Anglada nos advierte sobre la falsa distinción entre un Islam moderado o asimilable, según el criterio socialdemócrata dominante, y un Islam radical, destacando la incompatibilidad esencial entre el Islam y el Occidente de fundamento cristiano, incompatibilidad que ya nos enseñó con claridad la Historia de España hace siglos con la Reconquista y su desenlace final.
En fin, estamos ante un libro de recomendable lectura escrito por alguien que ama vedaderamente a su pueblo y que tiene una decidida vocación política. Podré no estar de acuerdo con todos sus planteamientos pero, en esencia, lo que se analiza y se propone goza de una enorme actualidad y constituye la base de un movimiento político claramente reformador en relación a un régimen anquilosado que da ya muestras inequívocas de degeneración, provocando la crítica y la insatisfacción en un cada vez mayor número de ciudadanos porque es a los ciudadanos españoles y no a una masa servilizada a quien se dirige urgente y directamente este discurso.
Ramón Peralta Martínez.
Profesor titular de Derecho Constitucional de la Universidad Complutense
La ciencia contra la fe
Autor: Raúl O. Leguizamón
Editorial: Nueva Hispanidad
ISBN: 987-1036-08-6
Páginas: 52
Adquisición: http://www.nuevahispanidad.com
El siglo de las luces, que significó un auténtico progreso en algunas cosas, sin embargo fue capaz de envenenar el mundo intelectual con un inocente artificio: la ideologización de la ciencia.
Efectivamente, la ciencia dejo de ser una materia independiente de la ideología, y pasó a ser pieza clave en defensa de algunas corrientes filosóficas. Desde entonces, el progreso ha estado asociado a la ciencia, y no a la moral; desde entonces, el hombre anda errante por un mundo que no comprende.
En ese camino de la manipulación ideológica de la ciencia, marca un hito extraordinario la teoría de la evolución, posiblemente la teoría científica menos científicas de la historia de la humanidad.
Raúl O. Leguizamón, en su pequeño ensayo “La ciencia contra la Fe”, trata la teoría de la evolución con un gran sentido común, con un acertado criterio científico, y con una clarividencia didáctica sorprendente.
El libro sería de recomendable lectura para cualquier bachiller, pero ya sabemos que nuestro sistema educativo también esta ideologizado, así que nos conformamos con que lo lea el atento lector, y el interesado por los temas científicos.
Como reflexión dejamos una al avisado lector: ¿por qué el hombre desciende del mono, no sería más acertado decir, a la vista de algunos científicos, que el mono puede descender del hombre?
Y otra más, ¿el cambio climático no será la mentira científica que viene a sustituir al fraude evolutivo?.
Mira si yo te querré
Autor: Luis Leante
Editorial: Punto de Lectura
ISBN: 978-84-663-2111-2
Nº de páginas: 314
Más fuerte que el amor , son algunos recuerdos; un nombre y un sentimiento juvenil ya pasado es lo que convence a una persona a recorrer medio mundo.
Después de toda una vida transcurrida, la casualidad hace que la doctora Montse Cambra encuentre una fotografía de su primer novio, y con ello resurgen recuerdos y sensaciones de “todo lo que podía haber sido pero no llego a ser”.
Dos mundos paralelos, dos culturas diferentes y constantes saltos en el tiempo nos adentran en una historia de sentimientos verdaderos e incontrolables. La guerra trunco toda una historia que todavía no es tarde para descubrir.
La insurrección que viene
Autor: Comité Invisible
Editorial: Melusina, Barcelona 2009
Páginas: 171
ISBN: 978-84-96614-73-4
PVP: 10,00 €
Desde cualquier ángulo que se mire, el presente no tiene ninguna salida.
Esta es una de las primeras frases que se encontrará el curioso lector al enfrentarse a la obra que hoy proponemos. ¿Le suena de algo?, ¿la actual crisis económica, crisis de valores, crisis de identidad y crisis moral, tiene salida?
Es evidente que “la insurrección que viene” no se equivoca en el diagnóstico de la situación, otro cosa bien distinta son las soluciones que el autor (autores) pretender dar.
No, no se equivoca el diagnóstico, basta un par de afirmaciones para comprobarlo. La primera: “de izquierda a derecha [se observa], el mismo vacio”. Efectivamente, ante la crisis económica y moral actual tanto la izquierda como la derecha han realizado el mismo diagnóstico y han aplicado los mismos paños calientes. Los paños calientes, son claros y peligrosos para la libertad: mayor intervención estatal, mayor control de la económica y la sociedad por el mismo poder político responsable de la crisis económica y del vacío de valores morales de la sociedad, mayor desprecio al pueblo, y desde luego nada de consulta democrática a los ciudadanos a los que se pretende salvar. Despotismo y paternalismo infantil a raudales.
Otra afirmación: “la libertad de desarraigarse, ha sido siempre el fantasma de la libertad”. Que afirmación más rotunda, y que afirmación más cierta. Sorprenden la corrección del principio, si decimos al lector que el libro está redactado desde una visión libertaria del mundo. El autor da en el clavo. En una época donde se nos habla de libertad de movimiento, de libertad de mercancías, donde el turismo se venda como medicina del stress, donde los políticos ineptos tratan de convencer a nuestros jóvenes que ante la falta de trabajo en sus pueblos, ciudades y regiones lo mejor es emigrar, pues el conocimiento de lo diferente es un grado más; donde el individuo permanece cada día más aislado, más indefenso, frente a un poder más omnímodo; donde los lazos familiares y afectivos se debilitan artificialmente; donde el matrimonio es considerado como un artículo de consumo de usar y tirar; donde la procreación es considerada una carga a la realización personal; en una época así, el poder tiene que apostar necesariamente por el desarraigo, para evitar la sublevación generalizada. Las mentiras del poder son muchas, y el individuo fuerte, arraigado, apoyado por su familia y su red de relaciones personales naturales, es un peligro, que sólo se puede vencer desde el aislamiento y la individualización. Pero el autor realiza a socaire del presente tema otra serie de afirmaciones que si bien no compartimos, es necesario reconocer la coherencia que mantienen con la tesis defendida; así, en relación a la familia se llega a afirmar que “la libertad no es el gesto de deshacerse de las ataduras, sino la capacidad práctica de operar a través de ellas, de moverse en ellas, de establecerlas o truncarlas”. No vamos, a entrar en el debate de si la familia, la tradición o la religión, son o no ataduras, pero desde luego, sí tenemos que reconocer la finura del autor (autores) al reconocer que la libertad, ha de ser el ponderado uso de las relaciones personales, morales, sociales y naturales existentes, y que la libertad que parte desde la negación de estos planteamientos, es también un fantasma de libertad.
Y la última afirmación en la que vamos a reparar: “se pretende convertirnos en yoes bien delimitados, bien separados, clasificables e inventariados por cualidades”. Ningún reparo se puede hacer a la tesis, a no ser que digamos que nada tiene de novedoso. Efectivamente, el tradicionalismo político, representado por numerosos doctrinarios político en Francia y por los carlista en España, ya advertían de este problema en el primer tercio del siglo XIX. El impersonalismo de las tesis revolucionarias, el valor engañoso que se daba al individuo, olvidando el valor de la sociedad, de la tradición y de la historia (recordemos que se ha llegado a afirmar que la tradición es la democracia de los muertos), la conceptuación del ciudadano únicamente como sujeto de sufragio activo, las concepciones economicistas de la vida, olvidando la realidad espiritual del hombre, la filosofía pragmática, que llegó a afirma que sólo de pan vive el hombre, vaticinaban la situación de actual postración en la que se encuentra el individuo. Frente a estos peligros, sólo se puede alzar la bandera de la tradición, pues la bandera del progresismo, aunque este sea el libertario, sigue alejando al individuo de la única verdad cierta: la persona es cuerpo y alma, es materia caduca y a la vez eterna, es pertenencia de la tierra, pero también pertenencia del cielo.
El libro que proponemos es breve, pero jugoso. Sus 170 hojas, en pequeño formato, dan para mucho. Están presentes casi todos los temas que justifican la actual crisis de humanidad.
Se habla de varias instituciones cuestionadas. En primer lugar, la escuela, que se ha convertido en un artificial procedimiento de uniformidad, y en un auténtico laboratorio de control del poder político. Pero también de la destrucción de la familia, símbolo máximo del desarraigo generalizado. De la ficción de la “pareja” como solución a todos los problemas, y a todas las frustraciones, y que acaba convirtiéndose en fuerte de desesperanza, en un mundo enseñado y vivido en soledad.
Se habla de los medios de comunicación. De su manipulación, de su servicio al poder, de su venta de ficción so capa de realidad, y sobre todo de su fomento del desarraigo, con su continuo ofrecimiento y tentación para que estemos siempre en otro lugar, para que seamos siempre otras personas y para que deseemos, lo que no tenemos.
Pero también se denuncia la debilidad de las economías occidentales, su pretensión de maximización de lucro conlleva el propio riesgo de colapso económico. La economía occidental puede ser bloqueada por una simple huelga de transportista que deje a las empresas productoras sin materia prima, o a los mercados sin mercancía para el abastecimiento. Las ciudades, gozan de una seguridad ficticia, pues cualquier alteración en los suministros básicos puede dejar a sus ciudadanos indefensos, ya sea un cese temporal en la energía eléctrica, el gas o el agua. La reciente crisis del gas con Rusia, ha demostrada la debilidad de los suministros europeos, y nuestra alta dependencia con potencias extranjeras, caracterizadas por su totalitarismo o por su inestabilidad política y social.
La economía occidental pende de un hilo, sus estructuras son débiles y la posibilidad de bloqueo cierta.
También se habla de la gran mentira de la ecología, de esa fábrica de amasar fortunas que es el espíritu ecológico. Los mismos que han destruido, y siguen destruyendo el medio ambiente, son los que ahora quieren seguir haciéndose ricos conservándolo. Se pretende hacer un negocio lucrativo de la conservación de la naturaleza, cuando ya no es negocio su destrucción; eso cuando no se hace negocio vendiendo el fin del mundo, como hace el celebrado Gore.
Igualmente, se trata el verdadero debate de fondo: la crisis de occidente y de sus valores. Efectivamente, el autor (autores) establecen el verdadero estado de la cuestión al reconocer que el mundo no vive en un choque de civilizaciones, sino que lo que realmente caracteriza al mundo moderno esa que la civilización más potente está en estado de muerte clínica, y que las perspectivas de salud no son nada optimistas. En concepto estado- nación revolucionario ha entrado en crisis, tal y como predijeron los pensadores tradicionalistas del siglo XIX; y lo peor de esta crisis, es que aparentemente no hay ninguna alternativa, simplemente la anarquía. Del orgulloso imperialismo occidental, no queda nada, pues su imperialismo presente, es sólo el relativismo, el dogmatismo del cuestionamiento, la debilidad, la inseguridad. Desde esta posición Occidente esta derrotado, pues ningún orden social puede fundarse en el principio de que nada es cierto.
Tal y como ya avanzamos “la insurrección que viene” es clara en el planteamiento de la cuestión, pero nada resuelve en cuanto a la solución de la crisis actual. La única solución que aportan los autores es la constitución de comunas, con la misión principal de liberar el mayor tiempo posible, renunciando al trabajo, y tratar de conseguir el dinero suficiente para la pervivencia, mediante el engaño y el abuso de las instituciones (subsidios de maternidad falsos, subsidios de desempleo, becas por estudios…); es decir, la única solución que se propone es la existencia parasitaria en un cuerpo moribundo, y decrépito.
La única solución que se propone, es la generalización de actos incívicos, actos cuasi guerrilleros, sabotajes de medios de comunicación…, con el único objetivo de alentar a la resistencia.
Un libro, en fin, clarividente en su diagnóstico, y de recomendable lectura para todos aquellos que quieran comprenden los tiempos que nos han tocado vivir.
Enrique de Diego | Un libro de suma importancia
Desde hace tiempo no se publicaba un libro tan importante, en cuanto a enjundia y previsible influencia en el devenir patrio, como ‘Sin mordaza y sin velos’ (Editorial Rambla), de Josep Anglada, líder de Plataforma per Catalunya.
El terreno del pensamiento, el género del ensayo, se ha degradado en las últimas décadas a través de la banalidad de lo mediático. El best seller ha devenido en algo similar al churro, en cuanto a lo efímero, pero de indudable menor interés y sustancia. Prácticamente, en las cuatro últimas décadas, los libros más vendidos han sido compendios de insustancialidades, cuando no de artículos periclitados, que no soportan una semana más allá del márketing.
‘Sin mordaza y sin velos’ está llamado a perdurar, a abrir surco, a marcar impronta. Por la concienzuda e ilustradora documentación, por la amenidad pedagógica es un libro anglosajón, sin improvisaciones, sin flecos sueltos, sin aristas y sin concesiones a la frivolidad ambiente, de modo que es un texto salvador, que rescata el gusto por pensar y abre vías tanto a la reflexión como al sentido común. El libro oportuno, necesario e imprescindible para este tiempo confuso y convulso de crisis de civilización.
Es ‘Sin mordaza y sin velos’ la mejor defensa de la civilización occidental publicada en los últimos tiempos, tras ‘Camino de servidumbre’ de Friedrich Hayek y ‘La sociedad abierta y sus enemigos’ de Karl Popper. No es un libro de extremaderecha, aunque de tal anatema se abuse en demasía hasta haberlo convertido en un espantapájaros, sino un clásico, con las mejores armas del análisis acumuladas por nuestra civilización humanitaria: el liberalismo más sólido, el conservadurismo más consciente, la filosofía estoica, la ética judeo-cristiana.
Parte el libro de la constatación de que vivimos en una democracia pervertida, basura; dominados los ciudadanos por una casta política podrida que saquea a las clases medias. Lo que Dalmacio Negro ha calificado como Estado minotauro que devora a los hombres y confisca las haciendas. Esta situación, ciertamente límite, y cada día más, exige un esfuerzo regenerador, sin el que, literalmente, no hay salida.
‘Sin mordaza y sin velos’ es la presentación rigurosa, la puesta de largo del ‘populismo identitario’. Vaya por delante que identidad es concepto esencialista y problemático en su definición, no exento de riesgos inherentes, pero en su descripción no ideológica, no cerrada, Anglada recurre al mejor Hayek, situando ese término en relación con lo que el pensador austriaco describía como fruto del ‘orden espontáneo’, del devenir no intervenido de la sociedad, no forzado coactivamente de la tradición acumulada. En ese sentido puede asemejarse a las ‘regularidades’ que Popper situaba como elementos básicos de convivencia en una sociedad, esas que permiten entendernos, comunicarnos y transitar con cierta fraternidad o con, sin salir de Popper, con esa tradición renovada que, desde el respeto, no se cierra a la crítica reafirmadora.
De esa manera, ‘Sin mordaza y sin velos’ es la más directa y acertada crítica emanada hacia el multiculturalismo, sólo comparable a los libros de Giovanni Sartori, aunque el de Anglada, junto con el aparataje teórico, aporta ajustados análisis de la realidad, lúcidos elementos de contrastación. No hay hipótesis que no sea cotejada, de manera prolija, con los hechos, con los datos.
Es también una crítica demoledora y superadora de lo políticamente correcto, trama de abyecta estupidez a la que combate con tajos de clarividencia sin asomo de complejo alguno. Anglada sabe lo que quiere, conoce dónde quiere llegar, tiene claro en lo que cree y nos lo presenta con claridad, sin rodeos ni concesiones.
Digamos que por el nivel del libro, el ideario y el itinerario de Plataforma per Catalunya tiene un antes y un después de ‘Sin mordaza y sin velos’.
Anglada no está contra la inmigración, sino contra la inmigración incontrolada. Es preciso leer el libro para no quedarse en los clichés y no hundirse en los simplismos. La inmigración incontrolada es ese problema delirante que nos han creado los políticos, la casta política podrida, la casta parasitaria, para someternos mejor mediante el conflicto, y del que también son víctimas los inmigrantes que han venido a trabajar y a no crear problemas. Es esa inmigración como leva para alimentar las burocracias del falso humanitarismo, la que, en su desproporción, degrada barrios, ciudades y la sociedad toda. La que, por el descontrol culpable del poder político en las fronteras, y dentro de ellas, puebla las cárceles, toma los espacios urbanos y expande la inseguridad, llenando para todos el presente de serias inquietudes y el futuro de sombríos presagios.
El no empadronamiento de los ilegales, de los ‘sin papeles’, propuesta de Anglada que le ha dado notoriedad, es de estricta lógica, responde al mínimo criterio de imperio de la ley, pues los ilegales no pueden ser legalizados, no tiene sentido; de defensa de la nacionalidad y de mero instinto de supervivencia de una sociedad. Aviso a navegantes: el discurso de Anglada, diabolizado hasta ayer mismo, va camino de ser retórica oportunista de varios partidos, sin aval alguno de credibilidad, pues esos mismos partidos han llevado, con contumacia, a la práctica justamente lo contrario. Quienes han creado el problema no pueden presentarse como la solución; ellos son los responsables.
La islamización peligrosísima e hípersubvencionada, utilizada como ariete de demolición y teniendo al socialismo como patético caballo de Troya, es la reducción al absurdo de nuestra degradada democracia, la manifiesta traición de nuestros ineptos, corruptos y saqueadores dirigentes. Los centinelas siempre han ocupado su lugar de vanguardia para avisar de los peligros y los privilegios se han sostenido y han sido aceptables por la capacidad y la disposición de las élites para afrontarlos y combatirlos. Ahora padecemos una traición general, sin excepción identificable, que llega no sólo al desarme moral de la manera más impúdica sino incluso al saqueo impositivo de nuestras mermadas haciendas para financiar las demografías de los declarados enemigos de la sociedad abierta y para financiar esas mezquitas, sanguinarias todas, inhumanas todas, templos de la barbarie, en las que se predica la bondad del asesinato de los ‘infieles’. Tremenda imposición suicida que nos han perpetrado los políticos de todos los partidos tradicionales.
Los capítulos sobre el islam son esclarecedores, compendio que desvela lo que pertinazmente se trata de ocultar.
‘Sin mordaza y sin velos’ es un libro electoral, puesto que su autor, Josep Anglada, es candidato a la presidencia de la Generalitat de Cataluña, donde la islamización ha alcanzado niveles desorbitados, casi de no retorno, de modo que las próximas elecciones catalanas se presentan como un momento histórico decisivo: la islamización o no de Cataluña dependerá del éxito electoral o no de Plataforma per Catalunya.
Pero es mucho más que un libro electoral, es un manual regenerador de largo recorrido, que ya está abriendo un cauce ancho a la libertad y que se constituye en una atalaya intelectual, en un baluarte de pensamiento en defensa de Cataluña como sociedad abierta, pero también de España y de Europa.
La libertad y la civilización siguen levantando pasiones de coraje y de nobleza como demuestra ‘Sin mordaza y sin velos’. Un auténtico banderín de enganche.
Enrique de Diego
(En calidad de editor de Editorial Rambla, me enorgullezco de la espléndida calidad de la edición, en la que han sido claves David Parada, a quien se debe el diseño de portada y cubierta, y a la imprenta Cofás. También de la imbatible relación calidad-precio, pues he considerado que, dada la importancia del libro, era preciso apostar por llegar a un público lo más amplio posible)
Ignacio Vidal-Folch elogia las “Historias de amor y de odior” de Iñaki Ezkerra
El escritor catalán Ignacio Vidal-Folch elogia el nuevo libro de Iñaki Ezkerra en la revista Tiempo y dice que le “costará perdonarle al nacionalismo vasco que algunos de nuestros intelectuales más destacados hayan tenido, en bien de todos, que ocuparse de él y contra él, desmontarlo y mostrarlo como es, en vez de dedicarse con toda la energía a su obra intelectual creativa”. A continuación reproducimos el artículo.
Iñaki Ezkerra se ríe de lo más sagrado
Ignacio Vidal-Folch
25/06/10
EL NUEVO LIBRO DE RELATOS de Iñaki Ezkerra avisa de sus intenciones desde el mismo título; se llama Historias de amor y de odior (Ediciones B) y en ese título ya se deja ver que en la mixtura del amor y el odior está implícita la sal del descreimiento (del hecho de narrar, del amor y del odio) y está implícito, sobre todo, el humor. Así pues, historias de amor, de odior y de humor. El contenido cumple con las expectativas despertadas por el título. Leyendo estos cuentos me he sorprendido riendo a carcajadas varias veces. Esto es insólito. Esto es impagable. Y esto es una rareza en nuestra literatura contemporánea, en la que abundan los buenos narradores, los buenos escritores y donde hay una calidad media decorosa y notable, incluso alta, pero el humor escasea. Y esto es una grave carencia. En esto Ezkerra es excepción, como se anunció en su anterior conjunto de relatos reunidos hace años bajo el título, paródico de Poe, La caída del caserío Usher, donde se ponían en solfa los hábitos y los prejuicios del ruralismo y la querencia por las cosas de la tierra, por la autenticidad de sus paisanos.
Desde ese libro Ezkerra ha publicado algunos poemarios (el último, A tu lado en Islandia) y cuatro o cinco ensayos sobre diferentes aspectos del nacionalismo terrorista o del terrorismo nacionalista; el último de ellos también en Ediciones B, Exiliados en democracia, trata sobre los que, como el mismo autor, han tenido que poner tierra de por medio entre ellos y su Euskadi natal. Seguramente Ezkerra es más conocido por sus tribunas de opinión y sus intervenciones en las tertulias de la radio, muchas veces contra el terror y sus cómplices. Esto es algo, dicho sea de paso, que me costará perdonarle al nacionalismo vasco: que algunos de nuestros intelectuales más destacados hayan tenido, en bien de todos, que ocuparse de él y contra él, desmontarlo y mostrarlo como es, en vez de dedicarse con toda la energía a su obra intelectual creativa. En fin, también los lectores de sus artículos, como los de sus poemas y relatos, habrán observado que Ezkerra menciona a menudo episodios de la infancia, cosas que pasaban en el colegio, personajes característicos entre los profesores y los condiscípulos. Habla de esa época tan a menudo, y con tal precisión, que es evidente que la recuerda como si fuera ayer. Un día le pregunté: “¿Cómo es posible que recuerdes tantas cosas de aquellos tiempos?”. Y me respondió: “Todo lo importante sucedió en el colegio”. Bien mirado, tiene razón: entonces sucedieron las cosas, y luego éstas han vuelto como pautas, como repetición, y por eso la vida de adultos, incluido el amor y el odior, parece a veces una farsa, una representación. En estos cuentos hay cenas de ex alumnos, reencuentros con compañeros de pupitre, hay también familias (la Tabarretxe y la Paranoitia) y mucha burla, befa y risa, incluso la befa de la tristeza que se siente al perder el amor (Salinas de la Mar), incluso la burla de Un hombre muy amenazado por ETA, que se ufana del peligro de muerte en que supuestamente se halla porque ir siempre acompañado por un par de guardaespaldas le proporciona cierto estatus, cierta visibilidad y fama en el barrio.
En fin, que Ezkerra se ríe de lo más sagrado. Un día se lo reproché, y me respondió: “Es que el humor está precisamente para reírse de lo más sagrado, empezando por Dios y siguiendo por la muerte. Si no, ¿para qué está?”. Es verdad.
EL NUEVO LIBRO DE RELATOS de Iñaki Ezkerra avisa de sus intenciones desde el mismo título; se llama Historias de amor y de odior (Ediciones B) y en ese título ya se deja ver que en la mixtura del amor y el odior está implícita la sal del descreimiento (del hecho de narrar, del amor y del odio) y está implícito, sobre todo, el humor. Así pues, historias de amor, de odior y de humor. El contenido cumple con las expectativas despertadas por el título. Leyendo estos cuentos me he sorprendido riendo a carcajadas varias veces. Esto es insólito. Esto es impagable. Y esto es una rareza en nuestra literatura contemporánea, en la que abundan los buenos narradores, los buenos escritores y donde hay una calidad media decorosa y notable, incluso alta, pero el humor escasea. Y esto es una grave carencia. En esto Ezkerra es excepción, como se anunció en su anterior conjunto de relatos reunidos hace años bajo el título, paródico de Poe, La caída del caserío Usher, donde se ponían en solfa los hábitos y los prejuicios del ruralismo y la querencia por las cosas de la tierra, por la autenticidad de sus paisanos.