Entrevista
PEDRO CARLOS GONZÁLEZ CUEVAS
Pedro Carlos González Cuevas, Profesor de Historia de las Ideas y las Formas Políticas en la UNED. Autor de El pensamiento político de la derecha española del siglo XX (Tecnos).
En su libro El pensamiento político de la derecha española del siglo XX (Tecnos), recoge, y suscribe el análisis de que desde la Segunda Guerra Mundial la política occidental está gobernada por el ‘sinistrismo’ ¿A qué atribuye esta hegemonía izquierdista cuando fueron dirigentes ‘de derechas’ (Winston Churchill y Charles de Gaulle) los que combatieron a los nazis desde el principio, mientras que Stalin pactó con Hitler en 1939?
Este fenómeno lo explicó muy bien el historiador François Furet: el comunismo soviético, con su aportación a la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, se identificó con el antinazismo y, por ende, nada menos que con la libertad y el progreso. El conjunto de la derecha, en cambio, aunque fuera demoliberal, siempre fue, desde entonces, sospechosa de fascismo. Por supuesto, esto no era más que una superchería abominable; pero todavía funciona. ¿Alguien ha conmemorado en Europa la caída del Muro de Berlín hace quince años? ¿Ha sido juzgado históricamente, no ya penalmente, el Gulag? Marx ha muerto, pero nadie parece haberse enterado todavía; la derecha española, desde luego, no. Aquí todavía Izquierda Unida da lecciones de tolerancia, libertad.
La violencia de la derecha española fue la respuesta obligada y legítima a los intentos revolucionarios de la izquierda, que arrancan del triunfo bolchevique en Rusia
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La izquierda española sostiene que la derecha es violenta y autoritaria, que ha apoyado dictaduras y reprimido a las propias izquierdas. Sin embargo, la lista de políticos de derechas asesinados (Eduardo Dato, José Canalejas, José Antonio Primo de Rivera, Antonio Cánovas, Ramiro de Maeztu, Gregorio Balparda) supera con mucho al de izquierdas. ¿Por qué se mantiene ese tópico?.
No creo que la derecha española haya sido particularmente violenta. Si lo han sido, y mucho, las ideologías revolucionarias, como el comunismo o el anarquismo. La violencia de la derecha española fue, en términos históricos y políticos, la respuesta obligada y legítima a los intentos revolucionarios de la izquierda, que arrancan del triunfo bolchevique en Rusia en 1917, que desencadenó lo que el historiador alemán Ernst Nolte ha llamado la ‘guerra civil europea’.
¿Por qué la derecha actual no se identifica con personalidades como las de Franco, José Antonio, Gonzalo Fernández de la Mora o López Rodó, mientras que la izquierda no tiene empacho en reivindicar a los políticos de su cuerda, aunque hayan dado golpes de Estado o servido al stalinismo: Largo Caballero, Negrín, Carrillo, Pasionaria, etc?
El olvido de Franco y José Antonio se debe, en buena medida, a la incapacidad de sus partidarios para actualizar su legado y hacerlo conocer a las nuevas generaciones
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Como intento poner de relieve en mi libro, hay diversas tradiciones en la derecha española. Es normal que la derecha liberal no se identifique con Franco y José Antonio, aunque pueda respetar sus figuras. El olvido de Franco y José Antonio se debe, en buena medida, a la incapacidad de sus partidarios para actualizar su legado y hacerlo conocer a las nuevas generaciones. En este aspecto, entidades como la Fundación Francisco Franco han sido poco operativas. A esto hay que sumar, por supuesto, la ofensiva de la izquierda cultural, cuyo objetivo era, y es, la destrucción histórica de ambas figuras. Una ofensiva que no ha sido contrarrestada por sus partidarios. Lo mismo cabe decir en el caso de Fernández de la Mora y López Rodó: quedaron aislados por la propia derecha. A Fernández de la Mora terminaron por no publicar sus artículos en el ABC, tras cuarenta años de colaboración en ese periódico. López Rodó tuvo que abandonar Alianza Popular. La derecha se avergonzaba de su propia historia; y del legado de dos estadistas. Perdió mucho y no ganó nada.
¿Qué opina de los esfuerzos de la derecha española posterior a la muerte de Franco de camuflarse como centro? ¿Cree que tienen recompensa electoral?
El centro no es una ideología, ni una doctrina; es simplemente una táctica cuyo contenido resulta ser el mero oportunismo. En ese sentido, carece de entidad. Como señala Julien Freund, es históricamente el agente latente de la génesis de conflictos, que pueden degenerar en enfrentamientos violentos. En el caso de la derecha española, ha impedido la cristalización de identidades políticas alternativas; y ha llevado hasta extremos difícilmente soportables el complejo de inferioridad intelectual y política de las fuerzas conservadoras. Su rédito electoral no ha sido tan grande como suele decirse. UCD nunca consiguió una mayoría absoluta. Y la lograda por el PP resultó un rotundo fracaso, a nivel político-cultural. En Cataluña, ¿quien consiguió más votos, el rectilíneo Aleix Vidal-Quadras o el melifluo Josep Piqué?.
¿Cree que el pueblo español es mayoritariamente de izquierdas o centro-izquierda, como afirman incluso personalidades de la derecha?
No creo que la mayoría de los españoles sean de izquierdas. El “sentido común” del español medio es vagamente “progresista”, en el peor sentido del término, es decir, hedonista, relativista y narcisista. Somos un pueblo de “señoritos satisfechos”, de nuevos ricos, mediocre, en el que la improvisación, la promiscuidad y el dinero se han convertido en horizonte vital. Los partidos políticos, en general, y la derecha, en particular, no sólo no han hecho nada para transformar esta mentalidad, sino que participan de ella.
La izquierda política y cultural utiliza la memoria histórica para deslegitimar a la derecha y mitificar, de paso, a los vencidos en la guerra civil
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Usted aplica el concepto de “exiliados en su patria” a los derechistas españoles que no abjuran de su condición de tales. ¿Como se ha llegado a esta postración?
Como ya he señalado antes, creo que en ello tiene buena parte de culpa la derecha fiel al régimen de Franco, sobre todo Fuerza Nueva y Falange, que cometieron gravísimos errores a lo largo del proceso de transición al Estado de partidos. Apostaron por el golpe de Estado militar y fueron incapaces de renovar sus proyectos políticos, adaptándose a las nuevas e inevitables circunstancias, como ha ocurrido en Francia o Italia. Estos grupos estuvieron cerrados a la reflexión y al debate político-cultural. Ni tan siquiera fueron capaces de realizar una crítica solvente a la partitocracia y al Estado de las autonomías. En esto, sólo la figura solitaria de Fernández de la Mora supo ejercer su función. Por fortuna, han surgido nuevos grupos político-intelectuales, pero su lucha será larga.
¿Por qué la derecha actual ha abandonado la parte cultural o intelectual de la actividad humana y se ha limitado a la economía?, ¿por qué no hay ningún períodico que quiera ejercer en la derecha el papel que desempeña en la izquierda El País?
Creo que el problema viene de lejos. La derecha española ha vivido siempre bajo la égida del catolicismo. Pero, desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia ya no se identifica necesariamente con el conservadurismo. Además, hoy el catolicismo no está en condiciones de garantizar la hegemonía de la derecha, en parte porque está dividido -hay un clero de izquierdas y un clero nacionalista y separatista-, y en parte porque un sector importante de la sociedad no sigue ya sus directrices. Aparte de ello, hay que añadir la ausencia de imaginación, el complejo de inferioridad, de voluntad, la ignorancia de las corrientes de pensamiento europeo o norteamericano, el pragmatismo sin horizontes -es decir, el centrismo-, que caracteriza hoy a buena parte de la derecha española.
Somos un pueblo de nuevos ricos, en el que la improvisación, la promiscuidad y el dinero se han convertido en horizonte vital. Los partidos participan de esta mentalidad
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Una parte considerable de los opinadores y políticos de Madrid considera que los partidos nacionalistas “burgueses”, como el PNV y CiU son aliados naturales y necesarios de la derecha nacional. ¿Cree usted que el PP puede establecer alianzas firmes y seguras con estos partidos?.
Tras las tristes experiencias de la Declaración de Barcelona, el Pacto de Estella, el Plan Ibarreche o el desarrollo de la cuestión catalana, nadie, en su sano juicio, en la derecha española, puede sostener tal tesis; y si lo hiciesen, ya no sería sólo un error; sería alta traición. Ni CiU ni el PNV han ocultado nunca el motivo conductor de su proyecto político: la independencia. Han sido los partidos nacionales quienes, por interés partidista, han cerrado los ojos a la realidad. Hablando en términos schmittianos, los nacionalismos periféricos son el “enemigo” por antonomasia de la derecha española.
Como historiador, ¿qué opina del actual movimiento de ‘memoria histórica’ y de la reinterpretación de la guerra del 36 y del régimen franquista por parte de la izquierda y de los nacionalistas?.
Como ha señalado Todorov, la memoria histórica y la historia representan dos formas antagónicas de relación con el pasado. La primera se basa en la conmemoración; la segunda en la investigación. La memoria histórica está, por definición, al abrigo de dudas y revisiones; mientras que la historia es esencialmente revisionista, porque ambiciona establecer los hechos y situarlos en su contexto, para evitar anacronismos. En la actualidad, la izquierda política y cultural utiliza la memoria histórica para deslegitimar política e históricamente a la derecha; y mitificar, de paso, a los vencidos en la guerra civil. Lo malo es que el PP no se enteró, a lo largo de sus cuatro infructuosos años de mayoría absoluta.
El concepto de centro ha llevado hasta extremos difícilmente soportables el complejo de inferioridad intelectual y política de las fuerzas conservadoras
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De entre todos los partidos, movimientos culturales y líderes que usted analiza en sus libros, ¿cuáles señalaría como modelo para la derecha actual?
Creo que el legado de José Ortega y Gasset puede ser aprovechado por el conjunto de la derecha española. Además, no pocas de las ideas de Ramiro de Maeztu, en particular sus críticas a la modernidad y sus análisis de la relación entre economía y religión, tienen gran actualidad. La crítica de Fernández de la Mora a la partitocracia, al ideologismo barato, al igualitarismo o su reivindicación del neocorporativismo, son completamente vigentes. Además, muchas de las ideas de la Nueva Derecha Francesa, salvo su anticristianismo militante, pueden ser aprovechadas por el conservadurismo español. En ese aspecto, la labor de José Javier Esparza me parece muy interesante. Entre los pensadores extranjeros, destacaría a Carl Schmitt, Julien Freund, Raymond Aron, Augusto del Noce, Alain de Benoist, Ernst Nolte, Renzo de Felice, François Furet, etc.
Entrevista realizada por Pedro Fernández Barbadillo, profesor del Instituto de Humanidades Ángel Ayala-CEU, de la Universidad San Pablo.
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