Editorial
EL ESTATUTO CATALÁN Y EL ESTADO FEDERAL
Los informes del Ministerio de Administraciones Públicas sobre el proyecto de estatuto catalán no solo han puesto de manifiesto su total contradicción con al constitución del 78, sino que atenta contra el principio de igualdad entre regiones y ciudadanos de España.
La estrategia del PSOE supone engañar a la ciudadanía ocultando sus verdaderas intenciones, hurtando el debate democrático sobre su apuesta por un estado federal, hasta haber conseguido que su solución aparezca como una salida al desafío separatista.
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"El modelo limitaría gravemente la salvaguarda de los intereses generales que están detrás de la atribución al Estado por la Constitución de la legislación básica", sostiene, para recordar que el hecho de que se elimine la posibilidad de que aparezcan normas básicas en reglamentos estatales implica "una desprotección de intereses generales", sobre todo en los ámbitos de sanidad y medio ambiente, además de implicar una reforma encubierta de la propia constitución en lo que se refiere al ya de por si laxo sistema de reparto competencial. "En realidad lo que plantea es la ocupación del papel que juega la propia Constitución, al confundir su función de atribución competencial a las comunidades autónomas con la del reparto competencial del Título VIII de la Carta Magna", concluye el informe.
Pero además los informes elaborados por encargo del gobierno nos dan la clave de cuales son la intenciones de ZP sobre la organización territorial de estado: de acuerdo con este informe, se destaca como nota negativa que el modelo competencial que pretende Cataluña supondría un alejamiento de "toda perspectiva federalizante del sistema autonómico”, para acabar concluyendo que "aparece como una resistencia a que el proceso de evolución del Estado de las Autonomías se encamine hacia la plena federalización".
Es evidente pues que las intenciones de ZP son las de acabar imponiendo en España un estado federal, sin embargo cuando Rajoy o el PP le han preguntado por su modelo de estado, siempre ha dado la callada por respuesta. Las reticencias del presidente del gobierno a pronunciarse claramente y sus continuas ambigüedades sobre el modelo de estado que desea, no obedecen a titubeos, sino que esconden el miedo a la reacción de la sociedad española ante una propuesta abierta de transformar el estado de las autonomías en un estado federal. El propio Blanco, aunque De la Vega le haya enmendado para tranquilizar a Rovira, ha “enseñado” esos miedos al decir que la discusión sobre la reforma del Estatut podía estar alejando al tripartito de la ciudadanía. Por ello el PSOE ha optado por la vía de ir preparando a la opinión pública para dicha transformación, con al introducción de cambios progresivos que de facto otorgan a las autonomías más competencias que a muchos estados federales, y con la jugada maestra que quiere presentar ese estado federal como solución al “conflicto vasco” y al separatismo catalán y gallego, a la vez que garantía de la solidaridad entre autonomías y “nacionalidades” Frente al maximalismo de nacionalistas y separatistas, ZP acabará presentándose comos salvador con su estado federal, a la vez que neutraliza al PP acusándole de inmobilista si se opone a los cambios.
La estrategia del PSOE supone engañar a la ciudadanía ocultando sus verdaderas intenciones, hurtando el debate democrático sobre su apuesta por un estado federal, hasta haber conseguido que su solución aparezca como una salida al desafío separatista. En el tejado del PP está el reto de no dejar que sea el PSOE quien marque los tiempos políticos, algo que sólo puede lograse a través de una critica contundente pero constructiva, -no inmovilista-, que neutralice los separatismos, no por la vía de darles más poder y dejarles ahondar en las diferencias entre españoles que acabaran rompiendo, antes o después, la convivencia nacional, sino por la reforma de la Ley Electoral y la promulgación de una Ley de Armonización Autonómica que garantice la igualdad entre españoles.
Veremos si el PP sabe estar a la altura de las circunstancias o se deja llevar por los complejos.
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