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Minuto Digital: 10.08.2006
El desastre ecológico y humano se vuelve a cernir sobre Galicia. Las imágenes devastadoras de los rostros vencidos de vecinos luchando en soledad por salvar sus casas y de las columnas de fuego avanzando empujadas por el viento, son aún más dramáticas que las de los pescadores intentando que el chapapote no penetrase en las rías desde sus embarcaciones.
Los bosques convertidos en negros eriales y las densas columnas de humo envolviendo ciudades enteras de Galicia estremecen e indignan como en su día lo hizo el chapapote en las playas. Exuberantes zonas de vegetación cercanas a la costa, como la Península del Morrazo en la ría de Vigo, que constituían un ecosistema privilegiado, se han convertido en cuatro días en una extensión humeante de restos y cenizas ennegrecidas.
Por segunda vez el Ejército, como sucedió con el Prestige, ha sido movilizado en Galicia. Al igual que ocurrió en los peores momentos de la catástrofe ecológica del petrolero en 2002-2003, el Ejército se ha desplegado en la región para ayudar en las tareas de coordinación de protección civil, especialmente en las evacuaciones. Los soldados también patrullan cerca de los pueblos para disuadir a los eventuales pirómanos. Pero el fuego sigue sin controlar, ciento diez incendios siguen prendiendo zonas de Galicia, de ellos 67 están activos y tan solo 43 han sido controlados. Solo faltan los voluntarios, pero el desastre ya ha suscitado la solidaridad interregional de otras CC.AA. como sucedió en su día con la catástrofe marina.
Una regeneración más costosa
Dos años después del desastre del Prestige no quedaba chapapote en las playas de Galicia y los fondos marinos experimentaban una rápida regeneración que según los expertos más pesimistas no se extenderá a más de una decada. En el caso de los incendios forestales masivos nos enfrentamos a una pérdida ecológica de mayor costo temporal. El impacto de los incendios forestales supone no solo una perdida puramente económica de los bosques quemados, supone la destrucción de un ecosistema, muy antiguo en muchos casos, deforestación, desaparición de ciertas especies animales y de vegetación muy variopinta.
Otro factor añadido, el tiempo que se esta tardando en controlar y extinguir los fuegos. Los efectos de un fuego rápido son menores que los de un fuego que arda durante horas; las llamas pueden saltar entre las copas o pasar a ras de suelo; la temperatura es tan importante como variable, siempre será preferible que no supere los 200 grados y afecte a los dos primeros centímetros de tierra a que alcance 600 grados. En el caso de Galicia nos encontramos con el peor de los supuestos.
Según los expertos sería posible conseguir una recuperación aceptable del monte bajo en un período que oscilaría entre los dos y los cinco años a partir del incendio. El suelo manifestaría una fertilidad semejante a la inicial en diez años. Pero hablar de especies arbóreas implica sumar el tiempo por décadas. Así, regenerar un bosque de pinos o eucaliptos exigiría entre veinte y treinta años. El rescate de carballeiras, soutos y fragas, -robles, castaños y otras especies frondosas- se dispara hasta los sesenta, setenta u ochenta años.
Responsabilidades
La climatología es la misma que otros veranos y los pirómanos son los mismos indeseables de siempre. Sin embargo en esta campaña estival en Galicia los fuegos se han ido claramente de la mano en un desastre que cada día nos recuerda más a aquel que sucedió en Portugal, cuando todo el país ardió sin remisión ante la impotencia de sus autoridades. ¿Por qué otros años los fuegos se controlaban en Galicia y este año no? Es la pregunta que todos nos hacemos, y el único factor novedoso con que nos encontramos es el cambio de gobierno. Antes gobernaba el PP, ahora lo hace el PSOE-BNG. Dos modelos de gestión del riesgo de incendios. ¿Estará ahí la respuesta?
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