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Redaccion: 06.11.2006
Los políticos profesionales votan contra sus ideas y opiniones, si éstas les ponen en riesgo de perder el enchufe. Alfonso Guerra, uno de los personajes más lamentables del actual régimen, calificó el concepto de “realidad nacional” para Andalucía de “invento”, pero la semana pasada votó a favor de él.
Alfonso Guerra nunca ha destacado por sus silencios. Ha sido autor de frases y consignas que, de haber tenido más educación, le habrían acercado al Manuel Azaña despreciativo que a todos ridiculizaba y que murió solo en el exilio.
Cuando se aprobó en el Parlamento andaluz el nuevo estatuto autonómico, calificó el concepto de “realidad nacional” para la región como “un invento”. Añadió lo siguiente: “no creo que sea una preocupación para los andaluces”. La víspera de que el proyecto empezase a discutirse en la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados que él preside –con el voto favorable del ex ministro del PP Federico Trillo- lo repitió. Sin embargo, unos días después votaba a favor del término.
También el ex presidente socialista Felipe González se pronunció al respecto. En un debate celebrado el 31 de mayo pasado en Sevilla, González declaró que no comprendía la política de reformas autonómicas de José Luis Rodríguez Zapatero y añadió que no entendía “muy bien” qué significaba la “realidad nacional” andaluza. Manuel Chaves, que debe su cargo de presidente casi vitalicio de la Junta de Andalucía a que González le puso de cabeza de cártel, dijo lo siguiente: “Voy a hablar con Felipe González para convencerlo de lo que significa 'realidad nacional”.
Al menos con Guerra, Chaves debió de conseguirlo, pues el antiguo vicepresidente del Gobierno –el diputado más veterano del Congreso, como un nuevo Romanones- votó a favor del proyecto de estatuto y de su preámbulo, que contiene esa expresión. En lo que acertó el longevo diputado es en que los andaluces no están preocupados por la “realidad nacional”; éste es un asunto que sólo interesa a los políticos... como él.
La separación entre las palabras y las actitudes no es nueva en Guerra. Hizo lo mismo cuando se debatió el nuevo estatuto catalán. Pese a sus opiniones en contra y los rumores propalados por su círculo de que había un grupo de diputados socialistas decidido a paralizar la reforma catalana, no tuvo ningún reparo en ponerse de pie y votar favorablemente el nuevo estatuto catalán.
Y Guerra no necesita el cargo para vivir, pues en Sevilla es conocida su fortunita. ¿Son las ganas de mandar? ¿Y qué hace un ingeniero técnico industrial como él en la presidencia la Comisión Constitucional?
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