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Entrevistas
GUILLERMO ROCAFORT

Autor de la novela “Yo, Berenguer de Rocafort. Caudillo Almogávar”


"El almogávar era el paradigma del soldado “idealista”; luchaba con inaudito valor por unos valores espirituales y patrios que le convertían en invencible"

 

Redaccion: 15.11.2006

Los Almogávares de Bizancio, VII siglos después, son resucitados en su Novela sobre su antepasado, el Caudillo Almogávar Berenguer de Rocafort. ¿No le pesa la responsabilidad de haber removido una Historia con tantos prejuicios y claroscuros?

Para nada, más bien al contrario, ésto ha sido un reto lleno de grandes desafíos y satisfacciones. Después de estar muchos años investigando aquella epopeya, por fin llegué a comprenderlos, y con mi novela, a justificarlos.

Usted se aparta completamente de la línea histórica mantenida por el Cronista Ramón Muntaner, cronista de aquellos hechos, y fija una nueva línea histórica interpretativa completamente novedosa. ¿Por qué?

Respeto mucho la trascendencia histórica de Ramón Muntaner, pero en mi novela “Yo, Berenguer de Rocafort. Caudillo Almogávar” evidencio sus incongruencias y falsedades, que fueron monumentales. Esto no se tiene que interpretar como un desprestigio del personaje, sino como una manera de marcar distancias entre su labor de cronista y el valor de dogma histórico que se le ha concedido durante VII siglos.

¿Dónde se encuentra la “clave geográfica” de los almogávares que fueron a Bizancio?

Sin duda, según mis estudios, en la ciudad castellonense de Morella, la capital del Maestrazgo, que en aquella época era la segunda ciudad en importancia del Antiguo Reino de Valencia. Fueron los hijos más ilustres de Morella los que conquistaron Sicilia y parte de Bizancio para la Corona de Aragón; los Blasco de Alagón, los Rocafort, y tantos otros los que forjaron los nuevos horizontes medievales de aquella maravillosa Corona. Fue el Maestrazgo, la tierra peninsular más belicosa, ardiente y viril, la que proyectó sus maravillosas cumbres hacia los confines del Oriente Bizantino. Basta contemplar las robustas murallas de Morella y escucharlas decir todo lo que vieron y disfrutaron en aquellas épocas.

¿Cómo descubrió Usted su parentesco con Berenguer de Rocafort, el personaje central de su novela?

Lo que en un principio fue una íntima convicción forjada de sueños e ilusiones fue adquiriendo unos asombrosos tintes de realidad que me tienen desconcertado. Los estudios genealógicos de mi padre en Morella, la investigación realizada por otros parientes Rocafort, hasta que por fin, y de forma milagrosa, surgió el “eslabón perdido” en la persona de Don Vicente Rocafuerte, antepasado mío que fue el Primer Presidente de la República del Ecuador, cuyos biógrafos le emparentan claramente con Berenguer de Rocafort, tanto por genealogía, como por carácter, dotes de mando y de gobierno. Es más, existe un gran paralelismo histórico entre ambos personajes, Berenguer de Rocafort y Vicente Rocafuerte; ambos lucharon en la búsqueda de una Nueva Patria, una “Neopatria”, como se llamó el Ducado almogávar en Grecia, lejos de su Patria de origen, de la que nunca renegaron, más bien al contrario, siempre guardaron respeto y admiración.

Si tuviera que definir en pocas palabras la personalidad de su antepasado Berenguer de Rocafort, ¿cómo le describiría?

Estoy en parte muy de acuerdo con la descripción que hacen de él historiadores de la talla de Francisco de Moncada o Moreno Echevarría, a pesar de la clara influencia negativa que recibieron de Muntaner, enemigo explícito de Rocafort. Ambos empezaron a adivinar la verdadera esencia de Berenguer de Rocafort, y en parte la comprendieron. También me fascina cómo captó el personaje Ramón J. Sender en su novela Bizancio. Mi aporte personal, por medio de mi novela, está en transmitir al lector objetivamente las grandezas y miserias de un hombre expuesto constantemente a situaciones límite, de las cuales salió siempre airoso por su arrebatadora personalidad y sus excelentes dotes militares. Es el propio Berenguer de Rocafort, por medio de mi novela, el que explica su verdad, y lo hace con franqueza y sin ocultar nada, después de haber sufrido VII siglos de mazmorra física e histórica.

Su novela histórica “Yo, Berenguer de Rocafort. Caudillo Almogávar” refleja en toda su crudeza los enfrentamientos de los almogávares contra sus enemigos y especialmente los internos dentro de la Gran Compañía Almogávar. ¿Por qué hubo tanta guerra civil entre los almogávares de Bizancio?

Cortada la soberanía real que tenía la Corona de Aragón sobre ellos, en mi opinión hubo un gran enfrentamiento entre los que tenía origen nobiliario y los que no. Los primeros pretendían imponer sus privilegios de mando y de todo tipo, pero los segundos acabaron venciendo imponiendo un régimen de Democracia Militar basado en la Meritocracia. Fue el Consejo Almogávar, en donde estaban presentes todos los almogávares, el que tomaba las decisiones relativas al gobierno de la Gran Compañía, y en especial, el nombramiento de su Caudillo militar. Durante cinco años así fue con Berenguer de Rocafort, un Caudillo elegido democráticamente que jamás perdió una batalla.

Usted ha dado varias conferencias y publicado artículos en diarios de tirada nacional sobre los almogávares. ¿Cuál ha sido la reacción de la gente?

Primero de asombro y luego de satisfacción. Se preguntan por qué no se conoce más esta historia tan fascinante. Eso es lo que yo busco con mi novela y mis estudios; abrir los ojos de los interesados en la Historia a una Epopeya que no tiene parangón en la Humanidad. Y sinceramente, creo que lo estoy consiguiendo.

¿Por qué recomendaría la lectura de su novela “Yo, Berenguer de Rocafort. Caudillo Almogávar”?

Porque refleja la verdadera historia de los almogávares que fueron a luchar a Bizancio a comienzos del siglo XIV. Sus anhelos, su forma de ser y de sentir, su forma de luchar, y también su manera de amar. Yo les doy ese espíritu que la Historia les ha negado, y sobre todo les recupero ante la Historia, frente a los que les han reducido equivocadamente a la condición de vulgares mercenarios. El almogávar era el paradigma del soldado “idealista”; luchaba con inaudito valor por unos valores espirituales y patrios que le convertían en invencible. Y entre ellos destacó por méritos propios Berenguer de Rocafort. Rehabilitando históricamente a mi antepasado, hago lo propio a los almogávares que durante cinco años le siguieron lealmente. No hay que ocultar ni avergonzarse de aquella Epopeya, más bien hay que conocerla y enorgullecerse de ella. Este es el guante que lanzo al aire de la Historia.

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