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Redaccion: 28.11.2006
La pasada semana el aeropuerto de Minneapolis en EE.UU., fue protagonista de una escena digna del mejor de los esperpentos de Valle Inclán. Un grupo de 6 imanes se puso en medio de la sala de embarque a realizar sus oraciones, postrándose y gritando Alá akbar.
Ante el nerviosismo de algunos pasajeros con la actitud de los seis hombres, el piloto se negó a despegar y avisó a la policía. Siempre según el informe de los agentes de policía, los seis hombres, que resultaron ser imanes, se negaron a bajar de la nave, por lo que fueron esposados. Los seis imanes reclaman ahora contra la policía y la compañía aérea alegando que fueron discriminados por su religión y por el color de su piel.
No parece que realizar las ostentosas postraciones de la oración musulmana en medio de la zona de embarque de un aeropuerto estadounidense y gritar “Alá es grande” justo antes de subir al avión sea muy prudente. Desde luego revela un total desprecio hacía la sensibilidad del resto de viajeros por no hablar de la carga de provocación que encierra la actitud de los imanes. Francamente, no nos imaginamos a un grupo de sacerdotes católicos oficiando el rezo de un Vía Crucis en pleno aeropuerto de Riad en Arabia Saudita.
No han faltado las voces que han invocado la libertad de culto y religiosa para justificar a los imanes y acusar de discriminación a la compañía aérea, U.S. Airways, que tras el incidente, se negó a expender nuevos billetes a los seis imanes tras devolverles el importe de los otros seis no utilizados tras ser desembarcados del aparato.
Pero lo cierto es que nos encontramos con un ejemplo del serio problema de integración que algunos islamistas tienen en Occidente.
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