Minuto Digital: 07.03.07
Después del embajador, el presidente que le nombró también se ha decantado a favor de la postura marroquí en el conflicto del Sáhara Occidental. En la última visita a Marruecos, Rodríguez ha apoyado el ignoto plan de autonomía para el territorio invadido y ocupado.
A las pocas semanas de llegar al Gobierno, en uno de sus primeros viajes al extranjero, José Luis Rodríguez se comprometió, delante de Jacques Chirac, a solucionar el contencioso del Sáhara Occidental en un plazo de seis meses. Desde luego, el plazo se cumplió y no ocurrió nada. Ahora, Rodríguez busca esa solución de una manera más sencilla: aceptando los planes marroquíes y franceses de anexión del Sáhara Occidental.
En la octava reunión de alto nivel entre los Ejecutivos español y marroquí en Rabat, Rodríguez mostró su apoyo al plan de autonomía para el Sáhara con el que Marruecos pretende impedir el referéndum de autodeterminación establecido por las resoluciones de la ONU. Un día antes la misma postura la había expuesto su embajador, Pablo Planas.
La página oficial de La Moncloa describe así las declaraciones del presidente socialista: “Rodríguez Zapatero ha reiterado que la postura del gobierno español se basa en dos principios: acuerdo entre las partes y legalidad internacional y ha hecho un llamamiento a las partes directamente afectadas para que retomen el diálogo y puedan conseguir, después de treinta años, el final del conflicto. La actitud responsable de España es ser constructivo y contribuir a encontrar ese acuerdo, ha dicho el jefe del Ejecutivo español”.
Es decir, el Gobierno socialista acepta el “acuerdo entre las partes”, un objetivo de Marruecos y Francia, en contra del Polisario y de Argelia, así como de las resoluciones de la ONU, que exigen un referéndum de autodeterminación en el que la población saharaui se pronuncie sobre su porvenir.
El primer ministro marroquí, Driss Jetu, cargo designado por el sultán, expuso los siguientes argumentos a Rodríguez para acabar de convencerle: la independencia del Sáhara Occidental, al que calificó de “entidad ficticia” –como el diplomático socialista español Máximo Cajal-, produciría “balcanización”·e “inestabilidad” en el norte de África.
Curioso, Rodríguez se opone a la balcanización en el Magreb, pero la promueve en la península Ibérica.
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