Minuto Digital: 16.04.07
Por el llamado derecho de la sangre ("diyeh"), quien mata a una persona, además de cumplir la pena correspondiente, tiene que pagar una cantidad de dinero a los familiares de la víctima.
"Y matar a una mujer, al igual que a un extranjero, cuesta la mitad de lo que vale matar a un hombre", según recoge la Ley iraní.
En el mundo islámico un hombre puede divorciarse cuando quiera, pero para que lo pueda hacer una mujer debe cumplirse alguna de una serie de siete condiciones, entre ellas, que el marido la haya abandonado completamente, sea adicto a las drogas o sufra de impotencia sexual.
Si el esposo encuentra a su mujer con otro hombre manteniendo relaciones sexuales tiene derecho legal a matarlos a ambos y, en cualquier caso, si se demuestra el adulterio la mujer puede ser lapidada hasta la muerte.
Durante la lapidación, se entierra a la mujer hasta el torso y se le tapa la cabeza con una bolsa de tela mientras los habitantes de la localidad le apedrean. Si consigue liberarse en esas condiciones queda en libertad.
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