Minuto Digital: 15.05.07
Tras la última matanza universitaria en EE.UU. que dejó treinta y tres muertos y al menos quince heridos en el campus de Virginia Tech, la sociedad estadounidense, que todavía sigue conmovida por los sucesos, ha comenzado a opinar sobre las medidas que se deben –o se deberían- tomar para evitar que hechos de este tipo vuelvan a repetirse. De este modo, profesores, alumnos, padres, y hasta el mismísimo presidente de la Nación, George W. Bush, se muestran bastante preocupados por cómo proteger a los estudiantes.
En Europa el hecho ha desatado las críticas de los que consideran incomprensible la tolerancia de EE.UU. con la posesión de armas de fuego por particulares. Sin embrago al otro lado del Atlantico el debate no gira en torno al derecho a poseer armas de fuego, sino a las medidas de seguridad de universidad y centros de enseñanza.
En los últimos diez años se produjeron 23 masacres en escuelas y universidades, que dejaron un saldo de más de 90 muertos. Algo no funciona en el paraíso capitalista. Y no parece que colocar detectores de metales y reforzar con guardias los centros de enseñanza sea la respuesta al problema, como tampoco es suficiente replantearse las políticas de control y admisión a las universidades.
Por supuesto, igual de simplistas son las teorías que tanto circulan entre nuestro mundo “progre”, que echan la culpa de estos sucesos a las armas. Nos dicen que el alto índice de criminalidad en EEUU esta relacionado con que muchos de sus ciudadanos poseen un arma. Sin embargo, en Suiza hay al menos dos millones de armas en una población de seis millones de personas que acuden al par de semanas de "preparación militar" y a las cuales el Estado les entrega un rifle de asalto y munición para que lo guarden en su casa, y los utilicen en caso de que haya que defender el país. ¿Por que entonces en Suiza el índice de criminalidad es casi despreciable?
En conclusión, más allá de tópicos basados en prejuicios o de medidas preventivas que no van más allá de lo superficial, Suiza está replanteándose su tradicional política de depósito de armas militares en los hogares de sus ciudadanos, pero las autoridades deben replantearse un cambio estructural más fundamental y profundo. Es la sociedad en general la que debe preguntarse por qué siguen apareciendo, cada vez más, casos de este tipo.