Minuto Digital: 16.05.07
Montserrat Nebrera es catedrática de Derecho Constitucional de la
Universidad Internacional de Cataluña. Su aparición en las filas populares catalanas ha sido, sin duda, ilusionante para muchos electores que arrastraban cierto desasosiego 'militante'. Jóven, brillante y defensora de valores y principios.
¿Por qué la derecha en Cataluña apoya a CiU y no al PP?
Propongo que la pregunta más bien sea por qué quienes votan al PP en unas elecciones generales no lo hacen también en las autonómicas. Responder a esa paradoja pasa por recordar el mensaje que CiU ha repetido durante sus años de gobierno, de que la única derecha conveniente para Cataluña eran ellos; pero pasa también por preguntarse si la alternativa ofrecida por el PPC a su electorado es nítida, consistente y al tiempo adaptada a la sociedad catalana a la que tiene que servir. Los primeros convencidos de que ser de derechas es algo positivo para el conjunto, para el futuro de los catalanes, debemos ser nosotros, los que estamos comprometidos con el proyecto liberal conservador del PP.
Artur Mas ha supuesto una radicalización en la posturas nacionalistas de CiU. ¿Ve usted posibilidad de que el PPC pueda experimentar avances a costa de los votantes moderados, o existe también en Cataluña un voto cautivo del nacionalismo?
En todos los partidos políticos hay voto cautivo, pero mi opinión es que los no cautivos son cada vez más, y que entre el electorado de CiU crece la perplejidad por la falta de convicción de sus líderes en algunos temas que siempre habían sido fundamentales para esa formación política: un discurso liberal, pero al tiempo fundamentado en valores, entre los que no es menor el de la participación en el proyecto común que es España. Todas esas personas, y también muchas que tradicionalmente han votado al PSC, percibirán pronto que sus intereses están mejor representados por el partido que hace de la libertad responsable y de la indiferencia ante el discurso identitario, su principio de acción política, y ese partido ya no puede ser otro que el PPC.
¿Cómo contentar a los electores que piden más mano dura con el nacionalismo y a la vez atraer a la tópica burguesía catalana que simpatiza con el nacionalismo moderado?
Por superación. El estéril debate sobre quien quiere más a Cataluña no puede distraernos de los verdaderos problemas ciudadanos, y de las necesidades de fundamento moral de nuestra democracia. Catalanes de generaciones, catalanes de aluvión, recién llegados con ganas de sumarse, todos están llamados a participar del futuro de Cataluña, en una clave que no niegue España, sino que sume con ella. Luego, que cada cual se sienta antes catalán o español no es de la incumbencia del político, mientras ambas cosas se den, mientras se recuerde que lo de la solidaridad radica en que somos hermanos.
¿El último descenso de votos del PPC se ha debido a la irrupción en escena de Ciutadans?
Dicen los estudios electorales que en parte sí, aunque creo que una buena porción ya habrá comprobado que el discurso ideológico de C’s y el PPC difieren radicalmente. Pero me importa mucho más recuperar al votante decepcionado que se abstiene y conquistar a los que creo que por legítimo derecho deberían ser votantes del PPC y están ahora mismo votando a otras formaciones. El objetivo del PPC no puede ser recuperar un escaño, dos o tres, sino sumar tantos como para llegar al gobierno de la Generalitat.
¿Pretende encabezar una renovación del PPC?
Pretendo contribuir en la medida de mis fuerzas y posibilidades a que el PPC tenga en la política autonómica el lugar que creo que le corresponde. No soy y no seré capaz de hacer política en otra clave y por esa razón di un paso, el de la acción, que es muy estimulante, pero también arriesgado, como todo lo que se hace por convicción. Al final, no es más que la voluntad de sumarme a los esfuerzos de otros, cuyas capacidades y cualidades son mayores que las mías en sus diferentes ámbitos dentro del partido. Yo aporto lo que tengo, lo que soy y lo que creo. Como los demás.
¿Cómo influye la presencia de un partido antisistema y radical como ERC en las instituciones? ¿No están cansados los catalanes de que su imagen se asocie a las salidas de tono y disparates varios que salen de ERC?
Tal vez la política catalana se ha vuelto esperpéntica y motivo de sarcasmo para el resto de España sólo para emular la consideración negativa que la política española, en concreto la del Gobierno, está teniendo en el panorama internacional, pero no es un gran consuelo. Cataluña ha sido durante decenios un modelo a seguir, y hoy ya no lo es. Pero hay que tener esperanza. Recuperaremos el lugar que tanto tiempo costó ganar y que con tan pocos gestos faltos de autoridad se pierde. El hijo natural de CiU, ese tripartito que nos desgobierna por segunda vez, será sustituido por un gobierno fuerte, eficaz, centrado en los problemas de las personas y cargado de fundamento ético. Lo dirán los ciudadanos en las urnas y antes de ese día se irá comunicando de personas a persona, entre la gente que dejará de tener miedo, que cada día seremos más.
¿Qué opina de que los partidos nacionalistas oficien como árbitros de la política española al tener que contar necesariamente con ellos cualquiera de los dos grandes partidos para dotar de estabilidad a sus gobiernos?
Es una consecuencia de nuestro sistema electoral, tal vez oportuno en los inicios de la democracia, pero generador de ciertas disfunciones en el momento actual. De todos modos, en Cataluña el tripartito ya se visualiza como una alianza estable (aunque con estridencias recurrentes) en el gobierno de la Generalitat. Por eso más que nunca es necesaria una alternativa de gobierno desde el centro de derecha, que claramente configura lo que yo llamo un “bipartidismo imperfecto”. Es un modo de aclarar a la gente sus opciones de voto…
Muchos españoles perciben a Cataluña como una región insolidaria, egoísta y aprovechada, de hecho aún continúa la campaña del boicot a productos catalanes ¿sólo son responsables de esa visión sujetos como Rovira o tienen también mucha culpa los gobiernos anteriores de CiU?
Los medios de comunicación son especialmente responsables de que la Cataluña ficticia sea la única imagen exportada hacia el resto de España, aunque ese espejismo también se produce en sentido inverso. Los que no votan y los votantes engañados, o medrosos, suman un enorme porcentaje de votos, que más pronto que tarde permitirán recuperar lo que Cataluña ha sido para el conjunto de España, un motor económico, un ejemplo de convivencia, y un espejo en valores como el trabajo, la responsabilidad y la iniciativa privada constructiva.
ERC ya ha lanzado estos días su primer desafío independentista y creemos que CiU no lo ha apoyado más por razones de cálculo electoral que por razones de fondo. ¿El nuevo Estatuto es un paso intermedio hacía la autodeterminación? ¿De verdad los catalanes no se sienten españoles?
Las encuestas nos dicen que la mayor parte de la población en Cataluña se siente española en algún grado. El independentismo es una anécdota cuyos múltiples altavoces ayudados por la desidia, la indiferencia o incluso la colaboración de algunos ha acabado teniendo una visualización mayor de la esperada. Tampoco ayuda la postura intransigente de algunos respecto de singularidades catalanas que serían perfectamente toleradas en otras partes del territorio español. Pero la mayor parte de esos supuestos problemas se solucionan enunciando en voz alta una verdad: la mayor parte de los catalanes se sienten a la vez españoles y son conscientes de que su convivencia en un Estado fuerte beneficia su posición en el resto de Europa y del mundo.
Unió se declara como un partido cristiano, sin embargo ha apoyado un estatuto laicista y incompatible con muchos postulados de la religión que dicen defender. Usted reivindica valores cristianos, ¿Llevará hasta sus últimas consecuencias esos valores o cederá a otros intereses como ha hecho Unió?
Más allá de falsas identidades de cuño nacionalista cuyo origen tiene escasamente un siglo, nuestra identidad, la catalana, la española, la europea, es cristiana. La vivencia personal de la fe no entra en juego, pero el conjunto de valores que hemos acuñado en Occidente en torno a la dignidad humana son un fruto evidente de nuestra identidad cristiana. Política, moral y religión comparten de ese modo un mismo sustrato y renunciar a él nos desorienta. Si en eso cedemos a otros intereses, al final no somos nada, y no valdría la pena participar de la política, porque la responsabilidad fundamental de hacerlo es la de transmitir a las generaciones futuras el legado que nos fue trasmitido a nosotros por las generaciones pasadas. Esa tradición, consciente o inconsciente, ha vertebrado Cataluña desde hace siglos. Yo no pienso defraudarla.