España, sin duda, se ha convertido en la más desgraciada de la naciones europeas. Y no por razones económicas o sociales, sino por razones eminentemente políticas, pues un pueblo regido por gobernantes arbitrarios, cobardes y protectores del terrorismo acaba cayendo en los abismos de la ignominia y la desvergüenza.
El candidato socialista a la alcaldía de Madrid, Miguel Sebastián, conminaba a los madrileños a olvidar que los cadáveres de los dos últimos asesinados por ETA están todavía por encontrar y a pasar una feliz nochevieja... ¡Ignominioso!
El Presidente Rodríguez Zapatero ha demostrado en estos días ser capaz de descender a los albañales de todas las bajezas posibles.
Su gobierno empezó negándose a condenar los atentados sufridos por el PP durante las jornadas “revolucionarias” de marzo de 2004. Sus sedes fueron atacadas, sus militantes agredidos y el Sr. Zapatero lo justificó. Es más, su desfachatez llegó al extremo de negarse por tres veces, en la comisión del 11-M, a condenar tales actos.
Más tarde le vimos al lado de Hugo Chávez, golpista consumado. En su día intentó llegar al poder por un frustrado golpe de estado, y al fracasar, fingió convertirse a la fe democrática y una vez conquistado el poder ha mostrado su auténtica cara, forzando la ley para perpetuarse en él: limitación de la libertad de prensa, amordazamiento de la oposición y un populismo galopante son sus armas para acabar con la democracia venezolana e instaurar un despotismo asiático en latitudes hispánicas.
Poco después descubrimos la vena antisionista del PSOE, que llegó a organizar una manifestación contra Israel que no fue más que la escenificación chapucera y vil de las que en los años 30 organizaba el partido Nacional Socialista Alemán. Pero, como no podía ser menos, ZP fue más allá y justificó el terrorismo islámico.
Y todo este recetario de escalofrío fue aderezado en todo momento con la connivencia política con nuestro terrorismo patrio, el etarra. Primero cometió la vileza de sentar a los suyos en la misma mesa que los terroristas etarras encuadrados en HB, después mantuvo contactos directos con pistoleros de ETA, más tarde, utilizando como instrumento político a la Fiscalía, solicitó la rebaja de las penas a imponer a los asesinos de ETA. Y finalmente, el 30 de diciembre, como única reacción ante el último atentado de la izquierdosa ETA, que se ha llevado por delante la vida de dos ecuatorianos, simplemente se ha limitado a decir que suspenderá cualquier contacto con ellos, y esto el día después de calificar los asesinatos de ETA como accidentes mortales.
Sin embargo, el proyecto del Sr. Rodríguez no acaba aquí, pues de seguro seguirá adelante con la negociación con ETA. No en vano la suspensión de contactos, como él mismo ha anunciado, es temporal. Dentro de poco, desde el Gobierno se empezará a difundir que los dos ciudadanos ecuatorianos asesinados fueron un accidente, pues no en vano ETA anunció una hora antes del atentado la colocación de la furgoneta. Desde el PSOE y el mundo abertzale se difundirá, no lo duden nuestros lectores, que el aviso fue con la antelación suficiente para evitar víctimas, y que si éstas existieron fue por un lamentable error –lo del proyecto de zulo para guardar cosas de Rubalcaba es un anuncio de la hipocresía que nos espera. No debemos olvidar que la reacción ante el atentado fue coordinada entre el PSOE y HB, como demuestra que ZP y Otegi repitieran la misma línea argumental. Tampoco podemos obviar que en estos días hemos visto algo impensable: el Presidente del Gobierno –en una muestra más de dejación y cobardía a la hora de rendir cuentas a la ciudadanía-, que nos prometió un 2007 “aún mejor” que el 2006, no ha estado presente en ninguna de las manifestaciones convocadas en repulsa del atentado. Es, pues, la primera vez que un Gobierno democrático se sitúa, y públicamente además, al lado de los terroristas y no al lado de las familias de las dos víctimas y de los españoles frente al terrorismo. Y a estas, el candidato socialista a la alcaldía de Madrid, Miguel Sebastián, conminaba a los madrileños a olvidar que los cadáveres de los dos últimos asesinados por ETA están todavía por encontrar y a pasar una feliz nochevieja... ¡Ignominioso!
En esta publicación nunca hemos faltado al respeto a los votantes de ningún partido político, pues el juego democrático se funda en la pluralidad de puntos de vista, y existen diferentes sensibilidades políticas. Sin embargo, el grado de vileza al que ha llegado el PSOE de ZP nos lleva a una sola conclusión: quien apoye electoralmente a estos amigos de terroristas, demostrará ser tan vil e indigno como ellos.