España reposa estos días a las orillas del mar. Son los días en los que
el Mundo parece pararse. El personal necesita recargar las pilas para lo
que será un curso igual o más intenso que el anterior.
Conclusión: Estamos en manos de un Gobierno de aficionados. No se
extrañen pues de las cosas que han pasado hasta la fecha y de las que
puedan venir.
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Son fechas
también para la reflexión. Nosotros hacemos la nuestra esta mañana. A
veces los análisis políticos se enmarañan intentando dar respuestas
complejas a realidades cuyo origen puede ser tan simple como obvio. Algo
de esto podría estar pasándonos con el presidente Rodríguez y su
gobierno.
Nos perdemos en buscar causas lógicas que justifiquen sus políticas
suicidas en muchos casos, estúpidas en otros; pretendemos encontrar un
por qué sensato a la insensatez de resucitar el pasado y a la pertinaz
insistencia de gobernar en contra de la lógica, cuando la respuesta está
a la vista, en los pocos renglones que adornan el CV de nuestro querido
presidente del Gobierno:
José Luis Rodríguez Zapatero. Nació en Valladolid. El 4 de Agosto de
1960 - Mañana es su cumpleaños -. Casado; dos hijas. Licenciado en
Derecho por la Universidad de León. Afiliado al PSOE desde 1979.
Secretario General de la Federación Socialista de León (1988-2000).
Secretario General del Partido Socialista Obrero Español y Presidente
del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso de los Diputados
(2000). Elegido diputado nacional por el PSOE por León en 1986, 1989,
1993, 1996 y 2000.
Aparte de ser un perfecto burócrata de partido, como muy bien detalla la
Web Oficial de La Moncloa, el actual presidente del Gobierno de España
no tiene la más mínima experiencia no ya laboral, sino al menos al
frente de algún órgano de gobierno ya sea local, autonómico o nacional.
Buena parte de la camada que le acompaña en el ejecutivo socialista
presentan un CV similar o incluso peor.
Conclusión: Estamos en manos de un Gobierno de aficionados. No se
extrañen pues de las cosas que han pasado hasta la fecha y de las que
puedan venir. Lo que ya no es tan fácil de explicar es por qué los
ciudadanos dejan el Estado en manos de aficionados. Si al órgano de
gobierno de una empresa jamás llegaría un personaje con el currículo de
Rodríguez, ¿cómo puede ser que la empresa de todos, el Estado, esté en
manos de un aficionado y sus cuadrilla de aficionados? La respuesta ya
no es ni tan obvia ni tan sencilla.
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