Y quizás por ello los gallegos, que nunca sabremos si suben o bajan la escalera, piden como reivindicación identitaria un cambio en el huso horario para diferenciarse del resto de España o de lo que pretenden que quede de ella. Pero no debe ser solo por eso. La hora que parece que se acerca es la del conocimiento de lo que pasó realmente el 11-M aunque, en buena lógica, cada día que pase quedará uno menos hasta el desenlace final.
Dicen las lenguas viperinas que cuando ZP accedió al Palacio del Presidente de Senegal se apresuró a pedir asilo político. El motivo fue el “canguelo” que cogió cuando vio ondear, junto a la bandera anfitriona, una enorme bandera española con el águila de San Juan. La intérprete le tranquilizó aclarándole que se debía a un error de un país más preocupado por los goles de Raúl que de los cambios en los escudos de otros países. Zapatero se sentó y, mientras se secaba el sudor con un pañuelo heredado de su abuelo, comentaba con voz cansada: ¡por un momento pensé que ya se había producido el contragolpe!.
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No es buena señal que hayan comenzado detenciones de miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado por razones que pudieran guardar una colateralidad con los atentados. Y tampoco es buena señal que un imam islamista, miembro del CNI y de los servicios secretos marroquíes (ya no nos sorprende nada) presente un escrito ante la Audiencia Nacional dentro de lo que parece un claro intento de protegerse ante lo que pueda caer. Y, tampoco es una excelente noticia que a la hora de cerrar esta editorial uno de los policías detenidos haya intentado suicidarse ingiriendo barbitúricos. Las dudas, ante el hermetismo de un Gobierno que se ahorca con su propio proceso de paz, llevan hasta a sospechar sobre quién asesinó hace días a un detective en Madrid o por qué murió el GEO Torronteras.
Con el sumario cerrado aún no se ha determinado cuál fue el explosivo utilizado en las voladuras de los trenes. La goma 2 eco de la mochila encontrada en Vallecas, la que no explotó, parece ser el principal material de tráfico ilegal por el que se detiene a los cuatro policías, casualmente dos de esa comisaría de Vallecas y, uno de ellos, quien desactivó la mochila. Dicen que la verdad nos hará libres pero hay veces que da pánico la posibilidad de conocerla.
Dicen las lenguas viperinas que cuando ZP accedió al Palacio del Presidente de Senegal se apresuró a pedir asilo político. El motivo fue el “canguelo” que cogió cuando vio ondear, junto a la bandera anfitriona, una enorme bandera española con el águila de San Juan. La intérprete le tranquilizó aclarándole que se debía a un error de un país más preocupado por los goles de Raúl que de los cambios en los escudos de otros países. Zapatero se sentó y, mientras se secaba el sudor con un pañuelo heredado de su abuelo, comentaba con voz cansada: ¡por un momento pensé que ya se había producido el contragolpe!.
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