Este pasado martes, la Diputación permanente del Congreso de los
Diputados rechazó todas las peticiones de comparecencias de miembros del
Gobierno a excepción de dos de los tres ministros implicados en el
escandaloso suceso de hace diez días en el aeropuerto del Prat.
Es precisamente el futuro proceso electoral en Cataluña el que ha
quebrado ligeramente la tónica general impuesta por el Gabinete de
Rodríguez. Porque la ley del silencio es su única política
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No pudo
el PSOE evitar que tanto el ministro de Interior como la ministra de
Fomento tuvieran que abandonar sus vacaciones para explicar - si es que
se puede explicar semejante vergüenza - hoy jueves en sede parlamentaria
por qué el Ejecutivo renegó de su obligación de garantizar la libertad y
seguridad de todos los ciudadanos, permitiendo que un grupo de
trabajadores de una línea aérea secuestrase a cientos de pasajeros. En
cualquier caso, un asunto que compete igualmente al ministerio de
Industria, Comercio y Turismo, no merece que su titular aporte la más
mínima explicación. No vaya a ser que el bochorno - uno más en la
carrera de Montilla llena de Opas y créditos regalados - coloque al
candidato socialista a la Generalitat en una situación complicada de
cara a las elecciones catalanas.
Es precisamente el futuro proceso electoral en Cataluña el que ha
quebrado ligeramente la tónica general impuesta por el Gabinete de
Rodríguez. Porque la ley del silencio es su única política. El
Parlamento es despreciado una y otra vez, de forma que la ciudananía no
tiene posibilidad de conocer ni el más mínimo detalle de cualquier
asunto de interés. Con el apoyo sistemático de los partidos
nacionalistas, el PSOE continúa evitando dar la cara acerca del 11-M, la
negociación con ETA, la política de inmigración o las aficiones del
presidente a hacer usos privados de bienes públicos por citar algunas de
las peticiones hechas por el Partido Popular y a las que se niegan a
responder una y otra vez los soclialistas. Así pues, de nada sirve que
siga creciendo el escándalo alrededor del Gobierno. La ley del silencio
se impone. Transparencia cero. Antes, por lo menos, se esforzaban en
inventarse algún cuento chino. Será que el calor les ha acabado por
fundir los plomos. Y ya se sabe, en boca cerrada no entran moscas.
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