En los últimos días, las resacas del mar están trayendo a nuestras costas los cadáveres de los inmigrante que murieron intentando llegar a España. El drama de la inmigración llega así a nuestras retinas con sus más negras consecuencias.
Ya es hora de que la oposición reclame al Sr. Rodríguez su responsabilidad directa como principal instigador del genocidio que estamos viviendo. Su política no sólo ha llevado a la muerte a cientos de jóvenes extranjeros, sino que además está incrementando la dependencia de los países del cuarto mundo con respecto a nosotros... y todo ello por un puñado de votos que ni siquiera es claro que vayan a parar al PSOE.
Este drama, sin embargo, podría haberse atenuado si el Gobierno hubiera adoptado una política medianamente prudente. No obstante, el Sr. Rodríguez prefirió el enfrentamiento político y el desgaste del PP aun a costa de utilizar a la población inmigrante como instrumento de sus torpes intereses.
Ahora alguien tendrá que responder de este genocidio, previsible y evitable, como demuestra el hecho de que tanto el PP como la Unión Europa advirtieron al Gobierno de las nefastas consecuencias que iba tener el proceso regularizador emprendido hace un año por el Gobierno. Una regularización alocada no podía producir ningún buen resultado, y sí sólo un efecto llamada brutal y asesino, como ha ocurrido.
La inmigración es sin duda el principal problema europeo de principios del siglo XXI y no puede ser abordado con tópicos absurdos e irreales. En primer lugar, ya es hora de recordar a los partidos políticos que la inmigración no es a priori buena ni mala, sino que la bondad o maldad de ésta habrá de juzgarse según sus consecuencias. Por eso hay que denunciar la falsedad de los fundamentos con los que actualmente se aborda este tema. Es verdad la inmigración tiene como consecuencia inmediata la aportación de mano de obra joven. Sin embargo, no es menos verdad que esta mano de obra padece situaciones laborales de explotación y, además, reduce los derechos laborales de los trabajadores nacionales, que sólo pueden hacer frente a la fuerte competencia laboral de los inmigrante disminuyendo sus pretensiones laborales, principalmente las económicas. Por otra parte, estas aportaciones masivas de trabajadores sólo consiguen dar la sensación a la ciudadanía de haberse solucionado el grave problema del relevo generacional en Europa –y con rasgos aún más acuciantes en España- lo cual, además de no ser cierto, perpetúa la atonía de los europeos en las políticas de natalidad. Y esto sin contar con los graves perjuicios que se crean en sus países de origen, que además de perder a sus jóvenes, ven como el núcleo familiar del inmigrante abandona todo tipo de trabajo, pues con el poco dinero que su familiar manda desde Europa, que allí supone una pequeña fortuna, subvierten todas sus necesidades sin tener que trabajar, lo que aumenta aún más su dependencia de los países desarrollados.
Sin embargo, todas estas argumentaciones “le resbalan” al Gobierno, que se ha constituido en el principal inductor de la inmigración ilegal. Ya es hora de que la oposición reclame al Sr. Rodríguez su responsabilidad directa como principal instigador del genocidio que estamos viviendo. Su política no sólo ha llevado a la muerte a cientos de jóvenes extranjeros, sino que además está incrementando la dependencia de los países del cuarto mundo con respecto a nosotros... y todo ello por un puñado de votos que ni siquiera es claro que vayan a parar al PSOE. El PSOE hace tiempo que ya no es un partido obrero, sin embargo, hace poco que se ha convertido en un partido genocida, por eso, quizá, con una oposición dura aun se le puede hacer cambiar a concepciones más humanitarias.