No vamos nosotros a descubrir que José Luis Rodríguez Zapatero es un
reconocido experto a la hora de incumplir sus palabras y hacer de ello
un acto intrascendente.
Nuestro ejército pisa ya el avispero del Líbano sin que
todavía se sepa siquiera cual va a ser el papel de España dentro de la
fuerza internacional desplegada en la zona.
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Adquirió práctica cuando estaba en la Oposición
y ha alcanzado la maestría ya en La Moncloa. No paró de echarle en cara
a Aznar que nos metiera en Iraq sin consultar tal decisión al
Parlamento. Es más, hizo del acto de soberbia del presidente popular uno
de sus escasos argumentos electorales. Siendo ya presidente del
Gobierno, llegó a asegurar en el Debate sobre el Estado de la Nación que
no habría más desvíos ni más intervenciones de espaldas a los
ciudadanos. Fruto de ese compromiso, nació la controvertida Ley de
Defensa Nacional.
La mencionada Ley Orgánica, aprobada parlamentariamente sin el consenso
con el PP y en vigor tan solo desde el 17 de noviembre del año pasado,
establece en su artículo 17 de manera clara que para ordenar operaciones
en el exterior que no estén directamente relacionadas con la defensa de
España o del interés nacional, el Gobierno realizará una consulta previa
y recabará la autorización del Congreso de los Diputados. Ayer
miércoles, hasta el propio diario El País en su edición digital,
destacaba la llegada de los primeros soldados españoles a Beirut.
Nuestro ejército, por tanto, pisa ya el avispero del Líbano sin que
todavía se sepa siquiera cual va a ser el papel de España dentro de la
fuerza internacional desplegada en la zona.
Mientras tanto, el Parlamento sigue esperando la comparecencia de algún
miembro del Gobierno. Y es que, incumpliendo su propia ley, ni siquiera
el presidente del Gobierno será quien pida al Congreso la pertinente
autorización para el envío de nuestras tropas. Lo deja en manos de su
fiel lacayo, José Antonio Alonso. Pero esta "amnesia" de nuestro
presidente, que le lleva a incumplir sistemáticamente su palabra y hasta
las propias leyes que él crea, esta vez puede jugarle una mala pasada.
Las malas relaciones con algunos de sus socios quizá provoquen que la
mencionada Ley de Defensa se siga incumpliendo y que el Congreso bloquee
algo que ya es una realidad: la presencia de nuestros soldados en el
Líbano. ¿Quien será entonces más ilegal? ¿Zapatero o Aznar? ¿Qué hará
por ejemplo la "pacifista" IU de Llamazares ante este manifiesto acto de
ilegalidad? ¿Sufrirá también de amnesia zapateril?
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