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Del Islam al Cristianismo: El largo calvario de los nuevos conversos


Por Kevin Bossuet |

4.258 personas, es el número de adultos que han recibido el bautismo católico en Francia en la noche del Sábado Santo (N. del T. de 2018). Una cifra en aumento de más del 40% en los últimos diez años, según la Conferencia de Obispos de Francia, que afirma también que 7% de los bautizados, alrededor de 280 individuos, son de familia musulmana. Estas conversiones de musulmanes al catolicismo constituyen un récord ya que, según Vicent Feroldi, Director del Servicio nacional para la relación con los musulmanes (en el seno de dicha Conferencia): “Hasta 2016 el número de casos estaba siempre por debajo de doscientos”. Para este último, el aumento se explica por la llegada a Francia de inmigrantes “de cultura árabe-musulmana” que, una vez en territorio francés, ven que “una mayor libertad religiosa es posible” y se dirigen entonces hacia la conversión, que es “primero, un encuentro personal con Cristo”. De hecho, para el Sr. Feroldi, hace falta cierta valentía para dar el paso vista la presión alrededor de estas conversiones, que se perciben como verdaderos actos de apostasía, son muy fuertes y condenan a estos nuevos cristianos a la discreción y al silencio.

No es nimio constatar que este fenómeno, aunque lejos de ser marginal, no es evocado en la prensa dado que es muy difícil para los interesados hablar del tema. En efecto, mientras que algunos como el futbolista Djibril Cissé, que se convirtió a la fe cristiana a la edad de quince años, no dudan en contar su “epopeya religiosa” en los medios, otros tienen más dudas y prefieren incluso esconderse por miedo a represalias. Es el caso de Imed, joven argelino de 23 años de Seine-Saint-Denis que ha escogido, hace unos meses, el mismo camino: “Fue muy largo, pero ahora ya puedo ir al encuentro de Dios con alegría. No hablo mucho de mi nueva vida. Una parte de mi familia y de mis amigos de infancia no lo comprenderían”. Y añade: “Cuando se es musulmán, es siempre difícil y peligroso convertirse a otra religión. En un hadiz (N. del T. Segunda fuente del Islam tras el Corán) se dice que hay que matar a quien abandone su religión. Aunque en Francia no se llegue a tanto, es preferible ser discreto para protegerse mejor”.

En este contexto, es muy difícil, ya sea en Francia o en el resto del mundo, obtener cifras fiables sobre estos nuevos conversos. En Francia, según un especialista del Ministerio del Interior, habría entre tres mil y siete mil personas que se convierten cada año al cristianismo, de los cuales el 10% son musulmanes. Esta cifra, que hay que coger con pinzas, muestra que el fenómeno está lejos de ser anecdótico en el territorio nacional. En el mundo, cuantificar estas conversiones es todavía más delicado, pero parece que antiguos musulmanes conversos serían varios millones. Según un estudio de 2015 y realizado por el Seminario de Teología de Gordon-Conwell, once países mayoritariamente musulmanes figuran entre los veinte en los que el cristianismo progresa más rápido. Incluso si esto se explica en parte, en algunos países, como en Qatar y Arabia Saudí por la llegada de trabajadores extranjeros cristianos procedentes de Filipinas, India o Nepal, es cierto también que el número de conversiones experimenta un fuerte aumento”. “L´Interdisciplinary Journal of Research on Religion” las evalúa en diez millones en 2010 contra doscientas mil en 1960.

David Garrison, profesor en la Universidad de Chicago y autor del libro “Un aliento en la casa del Islam” estima a su vez que podría haber entre dos y siete millones de musulmanes conversos en todo el planeta. En efecto, para este especialista del Islam, “vivimos el movimiento más grande de conversiones” y añade: “Lo que es interesante no es solo la amplitud del movimiento, sino el número total que hay ahora. Esto no se limita a un solo lugar del mundo, sino que lo vemos desde África del Oeste hasta Indonesia”. Cualquiera que sea la cifra, parece innegable que estamos ante un movimiento estructural, que afecta a todos los continentes y está destinado a tomar en el futuro una dimensión más importante.

¿Por qué ciertos musulmanes deciden convertirse al cristianismo? Esta pregunta puede resultar difícil de responder, pero se explica por tres razones principales: Primero, parece que las violencias terroristas perpetradas por islamistas tendrían que ver. Así, por ejemplo, en Irak, como lo cuentan las asociaciones humanitarias sobre el terreno, muchos musulmanes kurdos han decidido cambiar de religión después de haber presenciado las acciones violentas cometidas por grupos extremistas como el ISIS. Después, en algunos países musulmanes, un mayor acceso a la Biblia y a los programas de evangelización explican las conversiones masivas. Por ejemplo, el sacerdote copto egipcio Zakaria Botros, conocido por sus críticas virulentas al Corán en la cadena Al Hayat TV (que cubre Oriente Próximo) tiene una audiencia de millones de telespectadores. En Irán, desde 2015, la Biblia, integralmente traducida al persa moderno, es accesible desde el móvil. Más recientemente, la cadena cristiana SAT-7, que se recibe en los países de Oriente Medio y Africa del Norte, con una audiencia superior a veinte millones, ha utilizado las funcionalidades de la aplicación Telegram para ofrecer con seguridad a los iraníes los programas cristianos y de descargas de la Biblia. Finalmente, para David Garrison, el final de la colonización parece haber tenido un rol importante en la medida en que la religión cristiana ya no es la del “invasor europeo”, y parece atrae cada vez más a las poblaciones locales. Es cierto que estas conversiones se desarrollan a partir del momento en que la descolonización está totalmente acabada.

Estas conversiones, cada vez más numerosas, preocupan a los musulmanes más radicales. La cadena de televisión más seguida en el mundo árabe, Al-Jazeera, habla de este tema desde los años 2000. En 2001, el jeque Ahmad al Qataani se lamentaba en la cadena: “Cada hora, seiscientos sesenta y siete musulmanes se convierten al cristianismo. Cada día, dieciséis mil musulmanes lo hacen. Cada año, son seis millones ». Es comprensible que este fenómeno preocupe al islam radical. Las amenazas que pesan sobre los nuevos conversos son muy reales. Viven en muchos países en la ilegalidad, practican su culto en la clandestinidad, muchos de esos nuevos conversos son perseguidos y amenazados de muerte. En Marruecos, por ejemplo, se arriesgan a la reprobación social en caso de conversión, y a la prisión si son sospechosos de “romper la fe de un musulmán o de convertirlo a otra religión”. En Irán, directamente se arriesgan a la pena de muerte los que son considerados como verdaderos apóstatas. El Padre P. Humblot, después de haber pasado más de cuarenta y cinco años de su vida en Teherán, tuvo que exiliarse en Francia para “salvar su vida”. Cuenta regularmente hasta qué punto el calvario (insultos, agresiones físicas, torturas, amenazas de muerte, prisión, asesinatos) vivido por estos nuevos cristianos en tierra de Islam es insostenible. Cita a menudo el ejemplo de esa joven que se había convertido y que vio cómo su propio padre le arrojaba gasolina y la amenazaba con quemarla viva si no aceptaba volver a la religión musulmana. Después de haber sido encerrada durante varios días, finalmente pudo huir del territorio iraní para escapar a la muerte.

Mientras que los cristianos del mundo entero acaban de festejar la Pascua, mientras que muchos de ellos son perseguidos y amenazados a causa de su fe, no olvidemos que ser o convertirse en cristiano es una entrega de sí mismo que puede acabar mal con toda seguridad. Pero como bien dice el Papa Francisco: “No tengáis vergüenza de vivir con el escándalo de la Cruz”. Deseemos a esos nuevos cristianos que se han atrevido a pasar una línea roja que no se den por vencidos, y que sean todo lo felices que puedan en sus nuevas vidas.


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