La izquierda y el Islam


Por Hannan Serroukh Ahmed |

Desde Estados Unidos hasta Europa surgen nuevas figuras femeninas en la política, algunas siempre han sido activistas por los derechos sociales, otras sin ninguna experiencia han sido tentadas por los dirigentes de izquierdas para incorporarse a sus filas desde posiciones muy avanzadas para que sean bien visibles.

Todas tienen un dominador común: el híjab. Este símbolo es tan evidente que en las fotos y en las campañas electorales destaca por si solo. Creen los políticos que la presencia del híjab hace llegar un mensaje potente de integración, inclusión social, de una especial sensibilidad hacia ciertos colectivos.

Planteado desde un pensamiento básico puede tener sentido y quizás fomente la participación política de quienes hasta ahora se sentían meros espectadores del país en el que han elegido vivir.

Pero sabemos por experiencia que el jihab es un arma de doble filo usada de manera muy inteligente por los lobys islamistas, sólo tenemos que repasar la historia reciente de países como Egipto o Argelia.

Los islamistas penetran en todos los aspectos de la sociedad no con atentados ni con violencia sino utilizando la democracia y los derechos humanos.

En Egipto los hermanos musulmanes primero se acercaron a los ciudadanos donde no llegaba el estado, donde había necesidad ellos atendían a los ciudadanos mientras les convencían de la
bondad de la ley islámica .

Otro ejemplo es Argelia. A principios de los 90 comenzó uno de los periodos más terribles y tristes del país, cuando el grupo terrorista GIA (Grupo islámico Armado) dejó un reguero de sangre
desencadenado una guerra civil.

Pero antes de la actividad terrorista, el grupo GIA captó a muchos jóvenes y en los poblados más pobres y olvidados tenían el total apoyo de los habitantes a los que habían prometido justicia social a
través de la ley islámica.

En un principio los islamistas piden pequeños cambios, gestos de reconocimiento y poco a poco normalizan la idea de instaurar un orden social islámico.

Es famoso el vídeo donde Nasser en el años 1952 se reía de las demandas de los Hermanos Musulmanes que simplemente pedían que a las mujeres se les obligará a usar el híjab.

Pues bien, en el siglo XXI, hoy la izquierda no se ríe ni rechaza las demandas de los islamistas, ni tan solo las cuestiona, sino que ha pasado a convertirse en cómplice del avance de los islamistas en nuestras estructuras políticas sociales y de Estado.

No sólo por darle presencia al híjab o aceptar las actividades de las organizaciones islámicas que segregan a los jóvenes por su origen o enseñanza de la religión musulmána en las escuelas, sino también por su intensa actividad en las mezquitas con los imanes, dando la espalda aquellos jóvenes y en especial aquellas mujeres que quieren vivir sin el control y la opresión de estos grupos islamistas.

Dan la espalda a todos aquellos intelectuales que forman parte del grupo que piden una reforma del Islam separando la espiritualidad de la política.

Es fácil y rápido poner un híjab en la foto de campaña, pero ¿a medio plazo a dónde nos llevará? Mientras en Irán las mujeres pierden la vida en la lucha contra el híjab ¿tiene sentido que la izquierda lo promueva?

Hay muchas voces y pensadores que alertan de esta peligrosa alianza de la izquierda con el Islam , pero la censura de lo ​ políticamente correcto y la avaricia del voto hacen que no quieran escuchar ni trabajar en un proyecto de una ciudadanía responsable con un marco de convivencia común para todos.

Porque el verdadero peligro no está en sufrir un atentado sino en que en un futuro no muy lejano puedan dirigir un país Europeo

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